RECOMPENSA EMOCIONAL

Las personas no deben ser recompensas emocionales, deben ser aportaciones vitales; no podemos ser recompensas emocionales, tenemos que ser aportaciones vitales.

Cuando uno se relaciona con alguien, normalmente y casi siempre, espera recompensas emocionales: sentirme bien, querido, amado, sentirme único, aceptado, importante, para o hacia la otra persona… y eso nos lo da la otra persona con halagos, detalles, gestos… y la clásica expresión que se da o se dice es: “me haces tan feliz” o “soy tan feliz contigo”. RECOMPENSA EMOCIONAL. 
Yo estoy bien contigo siempre y cuando tú me des recompensas emocionales, pero cuando no hay recompensas emocionales por carácter, por cultura, por personalidad, por disposición… ya “la cosa está o va mal”, y buscamos esas recompensas en otros sitios o en otras cosas que me produzcan esas sensaciones.
El hecho de necesitar esas recompensas emocionales nace de la carencia de reforzar mi propia estima a mí mismo/a. Las recompensas emocionales refuerzan la estima de la otra persona que lucha contra sus miedo e inseguridades y que no es capaz de vencerlo o reforzarse a sí mismo/a. No digo que no se hagan este tipo de acciones (detalles, halagos, expresiones, gestos…) digo que no se puede depender ellas ni hacer dependiente a la otra persona de ellas porque es como incapacitar a alguien que puede andar que lo haga por su propio pie. Si a un niño que está aprendiendo a andar nunca le quitas el andador… lo harás dependiente del andador, el día que ese andador se rompa, necesitará de otro para andar y no será capaz de saber que puede hacerlo sin él.

En el momento que emprendemos una relación con el otro, sea del tipo que sea, en vez de obtener recompensas emocionales, si recibimos o damos un aporte vital todo se consolida mucho más fuerte, mucho más firme, con más confianza, con más profundidad; y todo fluye, ahí todo nace desde el amor.

¿Qué quiere decir aporte vital? Quiere decir que estamos contribuyendo con nuestra vida, con nuestro ser o forma de ser, a un crecimiento de la otra persona. Cuando uno crece a nivel personal, mental, espiritual… siente una gran satisfacción y plenitud, y eso se ha podido experimentar, eso se siente. Nos sentimos mejor, sentimos nuestro propio avance junto a esa persona, nos sentimos libre, sentimos la importancia sincera de esa persona en nuestra vida; no porque nos dé “cosas” sino porque hace que me supere y rompa muros.
Ese crecimiento en amor lo conseguimos unas veces por nosotros mismos, y otras gracias a la “ayuda de”, pero no porque nos haga feliz la otra persona, sino por la aportación de cómo esa persona hace que seamos mejores o nos superemos (muros, retos, bloqueos, etc.). La sensación de plenitud claro que repercute en la felicidad; felicidad que alcanzamos cuando vemos nuestro propio logro, nuestro propio crecimiento.

Entonces, un aporte vital consolida mucho mejor una relación que como lo hace las recompensas emocionales. Con las recompensas emocionales, las relaciones son más inestables, ya que en el momento en que no recibo esas recompensas la relación empieza a dificultarse porque “no obtengo lo que quiero” (recompensas) y lo busco en otro sitio, otra persona (lógico, uno busca lo que quiere obtener; si quiere manzanas, no espera a que el naranjo se las dé); y a veces, muchas veces sucede con dolor, porque las cosas van como no quiero, y cogemos la rabieta.

Cuando emprendemos una relación, sea del tipo que sea (padre, madre, hijo, hija, novio, novia, amigo, amiga, etc.), mantener esa relación a base de recompensas emocionales, BUSCÁNDOLAS O EXIGIÉNDOLAS, hará que las dos partes salgan dañadas porque siempre se buscará o se optará por aquella (relación) que me dé mayor recompensa emocional. Sin embargo, el aporte vital que podamos dar o recibir en una relación, solo lo voy a poder dar yo o recibir en exclusiva de esa persona. El que yo doy solo lo puedo dar yo porque soy único (mi forma de ser, de pensar, de actuar, etc.), y el que pueda recibir será también único porque esa persona es única.

Cuando una relación se rompe cuando se estaba dando un aporte vital, la ruptura se entiende, que ya no hay aporte que pueda hacer seguir creciendo la relación, que pueda hacer seguir creciendo personalmente y se llega de forma consciente… puede haber un dolor, claro que sí, pero es distinto, es un dolor de duelo pero llevadero porque se es más consciente de lo que ocurre, y no se dilata en el tiempo.

Hay que tomar conciencia de lo que sostiene mi relación con la otra persona, si las recompensas emocionales o los aportes vitales, pero aportes vitales mutuos, de lo contrario tampoco es sostenible esa relación. Eso también me hará saber más de mí, y de lo que puedo trabajar en mi persona para con los demás y para conmigo.

David Padial Zamorano.

Comparte en tus redes sociales...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>