QUIERO LO QUE SIENTES

Somos muy envidiosos. Quiero lo que tú sientes, pero eso que tú sientes que YO VEO o que YO CREO que te hace sentir bien, que te hace sentir genial, que te hace sentir el “puto amo”. Y me da igual si eso lo sientes porque tienes un coche impresionante, mucho dinero, cierto tipo de ropa, viajar a determinados lugares, realizar determinados tipos de terapias o rituales, consumir ciertos tipos cosas, llevar puesto un accesorio… incluso si es “una caca pinchada en un palo”, que lo quiero.

Nos alimentamos de emociones, nos relacionamos con emociones, la experiencia se basa en las emociones… Cuando nos venden un coche y accedemos a comprarlo, no compramos el coche que necesitamos, compramos el que nos hace sentir mejor. Cuando deseamos adquirir algo, lo que sea, la mayoría de las veces lo adquirimos porque queremos sentir lo que esa persona siente o dice que siente cuando tiene ese artículo o adquiere ese artículo.

Pero lo quiero porque quiero sentir eso tan extraordinario. Es lo de menos el qué; y ahí está el punto. NO es lo material lo que deseo, sino la sensación de bien estar. No es eso material lo que me genera el bienestar, sino LA IDEA que tengo de lo que me hace sentir eso cuando YO LO POSEO, o TENGO o HAGO.

¿Qué se esconde tras desear lo que otros tienen o hacen? Es muy recurrente el pensar que lo del otro es mejor que lo mío cuando no nos gusta lo que tenemos, pero falta un factor más ahí. Pensamos que lo del otro es mejor que lo mío no solo cuando no me gusta lo mío, sino cuando también veo que el otro se siente muy bien con lo suyo y disfruta mucho. Todo el tema está en la envidia emocional, no envidiamos lo material que no tenemos, envidiamos las emociones de bien estar y disfrute que vemos en el otro. Que lo suyo sea mejor o peor es secundario.

Estamos siendo educados a sentir a través de las ideas, siento lo que se supone que se siente cuando llega determinada situación o poseo determinado artículo. Sentir a través de las ideas es “vivir” un mundo imaginario, es “vivir” en mi mundo imaginario que, aunque lo quiera ver equiparable a lo que me muestran, nunca será así. Y la frustración de la realización de esa idea es constante porque siempre queda en la idea, y nunca pasará a la experiencia porque son dos cosas distintas: la idea de, y la experiencia de. No puedo establecer una idea de algo cuando aún no sé qué es ese algo, no es sostenible. Si yo no conozco el amor, no puedo hacerme la idea de lo que es el amor y pretender sentir la idea de amor, porque no se corresponderán. La idea es ficticia, la experiencia es real.

Por tanto, no es el qué el que me hace sentir bien, sino yo mismo el que soy capaz de sentirme bien cambiando el enfoque. Y todo porque pensamos que no podemos sentirnos tan extraordinaria y maravillosamente bien como la otra persona si no tengo o hago lo que ella. ¿Por qué quiero poseer cosas? Porque quiero sentir lo que “me da” el tenerlo. Buscamos continuamente poseer o hacer o tomar cosas para sentir esas emociones “adictivas”. Toda envidia va vinculada al querer tener esa emoción que quiero y no tengo, y que veo que el otro sí tiene.

ENVIDIAMOS EL ESTADO EMOCIONAL DEL OTRO. Creemos y pensamos que esto solo se da en personas o situaciones exitosas, pero igualmente el concepto de éxito ha sido tergiversado. Acaso, ¿no envidiaríamos el estado emocional de bienestar de una persona con pocos recursos? No hace falta tal extremo, personas que abandonan “su vida exitosa” para ser feliz, para lograr su bien estar emocional. Pongo un ejemplo: ¿cuántas veces nos hemos topado o hemos visto a gente de menos nivel adquisitivo que nosotros y hemos visto o nos han contado lo bien y feliz, tranquilos y en paz, que se sienten estando cómo están? Y acto seguido nos decimos “es que no hace falta tanto para ser feliz”. Nos consolamos con esa frase porque caemos en la cuenta del tonto que hacemos luchando desesperadamente por tener más para CONSEGUIR LO QUE OTROS CON MUCHO MENOS CONSIGUEN… ESA SENSACIÓN DE BIEN ESTAR.

Entonces, ahí vemos verdaderamente lo envidiosos que somos, no por querer tener las cosas materiales que tiene la otra persona, sino por lo bien que VEO y CREO que se siente y YO NO.
Porque me siento mal con mi vida, o me siento “pobre” en mi vida, cuando lo que se me da en mi vida me permite sentirme tan extraordinariamente bien como el que viaja en un yate. Pero eso NO LO CREEMOS, porque hemos sido programados para creer que eso no es así, y solo me sentiré bien si tengo lo que el otro. EDUCADOS EN LA ENVIDIA.

MI VIDA, LO QUE VIVO, MI EXPERIENCIA DE MÍ TIENE TODO EL POTENCIAL PARA HACERME SENTIR TODO LO QUE ME DICEN QUE PUEDO SENTIR CON AQUELLO QUE NO ESTÁ EN MI VIDA (y más). Es una idea que envenena y que crea una ilusión sobre cómo debe ser mi vida; y el veneno es “no estoy a gusto en mi vida” o “mi vida es una mierda”, y envidiamos sentirnos bien, ya sea como la persona más rica o como la más “pobre”.

Al fin y al cabo, la riqueza de la vida está en la experiencia y en lo que sentimos con esa experiencia, tengamos los que tengamos, estemos donde estemos. La pobreza como tal, tan solo existe en el espíritu. Si te sientes bien, si te sientes grande (riqueza), VA DA IGUAL TODO porque es lo que buscamos… estar bien y pleno emocionalmente.

David Padial Zamorano.

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