EMOCIONES PURAS/PROPIAS Y EMOCIONES EDUCADAS

La gran pregunta que motiva esto de conocer mis emociones es… ¿cuáles de mis emociones me pertenecen? ¿Cuáles de mis emociones son adquiridas porque he aprendido a sentirlo así? ¿Cómo podemos estar seguro de que las emociones pueden ser educadas si lo que siento yo, lo siento yo por ser yo?
Leí en un libro de un académico (no recuerdo ni el libro ni el autor) donde decía que la emoción es el estímulo que recibe el cuerpo debido a la interpretación que la mente hace de la realidad. Podemos entrar en debate con esto, pero usémosla por el momento.

Es cierto que siento y tengo una emoción según yo interprete la realidad que vivo; esto se puede ver en cómo personas que viven un mismo hecho o situación lo sienten de forma distinta. Sin ir más lejos, la muerte o partida de un ser querido. Mientras unas culturas consideran la muerte como algo malo y la rechazan; otras la consideran como un paso más en el ciclo de vida y la bendicen. Se puede decir entonces que dichas personas han sido educadas para sentir la muerte de forma distinta, acorde a como su sociedad dice o impone. Digo impone porque a menudo nos someten a exigencias emocionales (y de otras índoles) para poder pertenecer a ese grupo de personas, de lo contrario eres discriminado.

Con esta premisa, podemos decir que las emociones pueden ser educadas, nos inducen a creer o a mirar situaciones con determinados sentimientos, aunque sintamos algo totalmente distinto a lo que nos dicen que debemos sentir. Al final, para que no nos rechacen o discriminen, acabamos creyendo esa forma de sentir que o bien decimos que sentimos una cosa tapando lo que verdaderamente sentimos (actuando desde la mente), o simulo lo que debo sentir sin sentirlo (autosugestión) con lo cual, acabo sintiéndolo.

En la mayoría de los casos, debido a la saturación de nuestras creencias (colegio, TV, amigos, religión, radio, trabajo, familia, etc.) sentimos conforme a lo que creemos que debemos sentir; esto es, siento lo que debo sentir porque así “hay que sentir o sentirse”. Y todo eso que siento es lo correcto porque me respalda “mi educación”, mi sistema de creencias; y así yo no sé qué siento de verdad. Es aquí, cuando entramos en crisis personal, que no podemos concretar lo que sentimos porque no lo sabemos (lo que siento y lo que debo sentir).

Para distinguir si lo que siento, lo siento por mí mismo o por “sugestión” tengo que ir a mis creencias, a mi educación y ver; ver si tengo que cuestionar mis creencias porque en el fondo hay cosas que no me encajan, o si verdaderamente estoy de acuerdo con lo que me indican mis creencias; y hacer eso es de valientes, porque requiere romper con la brújula de vida que te dieron y CONSTRUIR la tuya propia.

Saber de dónde proceden mis emociones no es algo que se pueda hacer a la ligera de forma individual y rápida, puesto que no podemos ser objetivos con nosotros mismo. Se puede, pero con mucho trabajo interior y tiempo. Es más sencillo y rápido si tenemos a alguien que guíe sin juzgar, aunque es igual de duro el proceso. No obstante, siempre hay una gran parte de trabajo individual, pero siempre realizada desde la honestidad con uno mismo.

Las emociones no se controlan. Ninguna. Las emociones son; se pueden gestionar y encauzar, pero no controlar. Podemos educar las emociones: primero, educando nuestra mente sobre cómo interpreto las cosas; segundo, considerando que hay más de una perspectiva y por qué elijo la que elijo y no otra; tercero, cuando de forma consciente elija mi creencia y con ello la emoción que me va a suscitar. Pero siendo educada es propia porque así se ha decidido sentirlo.

Cuando, de forma inesperada, una situación nos sobrepasa y nos genera una emoción podemos decir que es propia porque no hemos podido pensar en la situación, la hemos sentido en el momento sin realizar un juicio (normalmente porque no nos ha dado tiempo a realizarlo).

El caso es que podemos educar las emociones, las que están conectadas con nuestras creencias. Y a la vez podemos tener emociones que no pueden ser educadas porque están conectadas directamente con nuestro ser, las emociones propias. Vivimos continuamente situaciones que nos generan un mal estar continuo, o una pesadez mental simplemente porque la emoción que se manifiesta por como vivo la situación ha sido “educada” para que sea así. Por eso, educarse emocionalmente te procura una mejora en la calidad de vida que, energeticamente, se traduce en un cambio a mejor en todos los ámbitos de tu vida al tener una vibración energética más armónica, más equilibrada, más en paz.

David Padial Z.

Comparte en tus redes sociales...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>