EL CORAZÓN… ¿EL OTRO CEREBRO?

Desde hace mucho se han separado las funciones del corazón y el cerebro a nivel fisiológico, pero a medida que íbamos entrado en tiempo donde la psique cobraba más interés y fuerza se comenzó a dar más importancia al corazón como órgano físico motor del campo emocional-sentimental. Ahora comenzaba a distinguirse los actos humanos como «racionales» o mentales y los emocionales  o sentimentales; los primeros provenientes del cerebro y los segundos provenientes del corazón.

Los que proceden del cerebro estaban muy claros, pues este es el órgano que se ocupa de la «inteligencia» de la persona, centro neurálgico del cuerpo. En cambio, los procedentes del corazón se le atribuían de forma metafórica ya no tenía una funcionalidad neurálgica como el cerebro de forma clara, pero sí de forma determinante cumplía otras funciones como la de bombeo de la sangre en el cuerpo. En los tiempo que corren, a la hora de tomar decisiones, el corazón tiene tanta importancia como el cerebro y eso es crucial para tomar una buena decisión. Se escucha mucho: «decide con el corazón», «piensa con el corazón»… ¿el cerebro no está siendo discriminado en esas situaciones cuando se supone que la función de decidir y pensar es la del cerebro? (Esto será otro tema a parte sobre el que trataremos más adelante).

La cuestión que nos ocupa con esto entonces es… ¿puede el corazón desempeñar una función como la del cerebro? ¿Cómo? ¿Por qué? Para contestar a estas preguntas os pongo la noticia que encontré al respecto.

 

Durante siglos, el corazón ha sido considerado la fuente de la emoción, el coraje y la sabiduría. En el HeartMath Institute Research Center, estamos explorando los mecanismos fisiológicos mediante los cuales el corazón se comunica con el cerebro, lo que influye en el procesamiento de la información, las percepciones, las emociones y la salud.

Estamos haciendo preguntas como: ¿Por qué las personas experimentan el sentimiento o la sensación de amor y otros estados emocionales positivos en el área del corazón y cuáles son las ramificaciones fisiológicas de estas emociones? ¿Cómo afectan el estrés y los diferentes estados emocionales el sistema nervioso autónomo, el sistema hormonal e inmunológico, el corazón y el cerebro?

A lo largo de los años, hemos experimentado con diferentes medidas psicológicas y fisiológicas, pero la variabilidad de la frecuencia cardíaca o los ritmos cardíacos consistentemente se destacaron como los estados emocionales y el estrés más dinámicos y reflexivos. Se hizo evidente que las emociones negativas llevan a un mayor desorden en los ritmos del corazón y en el sistema nervioso autónomo, afectando negativamente al resto del cuerpo. Por el contrario, las emociones positivas crean una mayor armonía y coherencia en los ritmos cardíacos y mejoran el equilibrio en el sistema nervioso. Las implicaciones para la salud son fáciles de entender: la falta de armonía en el sistema nervioso conduce a la ineficiencia y al aumento del estrés en el corazón y otros órganos, mientras que los ritmos armoniosos son más eficaces y menos estresantes para los sistemas del cuerpo.

Más intrigantes son los cambios dramáticos positivos que ocurren cuando se aplican técnicas que aumentan la coherencia en los patrones rítmicos de la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Estos incluyen cambios en la percepción y la capacidad de reducir el estrés y tratar con mayor eficacia las situaciones difíciles. Observamos que el corazón actuaba como si tuviera una mente propia e influyera profundamente en la forma en que percibimos y respondemos al mundo. En esencia, parecía que el corazón estaba afectando la inteligencia y la conciencia.

Las respuestas a muchas de nuestras preguntas originales ahora proporcionan una base científica para explicar cómo y por qué el corazón afecta la claridad mental, la creatividad, el equilibrio emocional y la efectividad personal. Nuestra investigación y la de otros indican que el corazón es mucho más que una simple bomba. El corazón es, de hecho, un centro de procesamiento de información altamente complejo y autoorganizado con su propio «cerebro» funcional que se comunica e influye en el cerebro craneal a través del sistema nervioso, el sistema hormonal y otras vías. Estas influencias afectan profundamente la función cerebral y la mayoría de los órganos principales del cuerpo y, en última instancia, determinan la calidad de vida.

Fuente: https://www.heartmath.org/resources/downloads/science-of-the-heart/

 

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