¿CUÁNDO SE DA EL CAMBIO?

Cuando abandonamos el rol que ASUMIMOS para vivir la película de nuestra vida. Vamos dejando unos y tomamos otros, hasta despojarnos de todos.
Las vivencias, la educación, la creencia, la idea que tengo de mí… hacen crear un rol de vida. El protector, el quejica, el optimista, el chistoso, el samaritano, el victimista, el sumiso, el salvador, el controlador, el pesimista, el temeroso, el líder, etc. Adoptamos roles y asumimos su función para vivir, para dar sentido a mi existencia. Sin embargo, el único que necesita tener una definición para existir es el propio ego.

El hecho de asumir roles nos da la maravillosa posición de poder experimentar la vida desde distintas perspectivas, nos abre un camino de aprendizaje y conocimiento para ver la vida. Es como si aprendiéramos a conocer qué es una manzana usando los ojos propios, y los de mi madre, y los de mi hermano, y los de mi compañera de trabajo, y los de mi pareja, y los de un extranjero, etc.

Podemos ver cómo dentro de la sociedad, cada persona asume que tiene una característica que la destaca por encima de todas las demás que tiene, y ésta es la que se atribuye, y en otras muchas ocasiones le atribuyen… buscando el sentido de su presencia en el lugar que está. Aunque sea televisivo y nada más lejos de la realidad, voy a tomar el ejemplo de una serie de televisión que puede representar muy bien esto: The Big Bang Theory.
Un grupo de amigos donde cada cual tiene muy marcadas ciertos rasgos o características, cada cual con su rol de vida que cuando les asalta un problema o situación, que afecta al grupo entero, cada uno lo vive e interpreta acorde con sus rasgos (acorde con su rol de vida), siendo la misma situación para todos pero vista de distintas perspectivas (distintos ojos).

La vida es la misma para todos, pero asumimos distintos roles de vida para experimentarla. Esto es maravilloso si tomamos conciencia de ello y no caemos en creer que somos “eso”, porque “eso” será el ego.

Por eso, una persona puede ser un ángel o un demonio. Y esa es la realidad. Uno decide su rol, siendo cosa del ego el creerte ese papel. Por encima de ello no tenemos ningún rol establecido o determinado; solo se experimenta la vida a través de esos “papeles” que te hacen conocer más lo que es la existencia. Somos, más allá de todo, sin definición, y por eso podemos ser todo (cualquier cosa) en cualquier momento. Es elegir lo que se crea mejor o se sienta mejor para ser en la ocasión presente, sin olvidar que son unas “gafas” por las que vemos dicha situación y cuando queramos podemos cambiar de “gafas”.

Igual que cuando quieres identificarte con los vestidos que te pones, y te pruebas uno y otro y otro y otro… unos te gustan para una ocasión, otros, para otra. Algunos no te gustan como te quedan y ELIGES otro… hasta que sientes creer que ese vestido es el tuyo, el que te identifica acorde con tu personalidad. Y te das cuenta que tú no eres el vestido que te pones o te ponen o te hacen poner.
Tú eres tú, sin vestidos. Físicamente, ¿habéis experimentado la sensación de estar un tiempo desnudo? En casa, en playas nudistas, en la casa del campo… ¿no es extraña esa sensación de libertad y descanso? Porque día a día acabamos identificando nuestro físico con la tendencia o moda del momento o con el estilo propio que no deja de ser algo ajeno a mi cuerpo; y cuando el cuerpo se despoja de ello, se siente libertad.

Hemos estado siendo educados a relacionarnos a través de “vestidos” o «máscaras», y cuando nos los quitamos todo sentimos esa pequeña sensación de libertad y descanso, pero a la vez de vulnerabilidad y desprotección, porque estamos acostumbrados a identificarnos y relacionarnos con la idea o el rol que asumimos y no con el ser que somos.

Así es con el cambio. Los roles que asumimos para definirnos, vivir y dar sentido a nuestra existencia. Cuando abandonamos esa necesidad de dar sentido y definición podremos ver el TODO que somos; cuando vamos dejando esos roles (uno tras otro) va SURGIENDO EL CAMBIO. Y entender que puedo ser cualquier forma en cualquier momento, solo es una elección o decisión para ese momento.

David Padial Z.

QUIERO LO QUE SIENTES

Somos muy envidiosos. Quiero lo que tú sientes, pero eso que tú sientes que YO VEO o que YO CREO que te hace sentir bien, que te hace sentir genial, que te hace sentir el “puto amo”. Y me da igual si eso lo sientes porque tienes un coche impresionante, mucho dinero, cierto tipo de ropa, viajar a determinados lugares, realizar determinados tipos de terapias o rituales, consumir ciertos tipos cosas, llevar puesto un accesorio… incluso si es “una caca pinchada en un palo”, que lo quiero.

Nos alimentamos de emociones, nos relacionamos con emociones, la experiencia se basa en las emociones… Cuando nos venden un coche y accedemos a comprarlo, no compramos el coche que necesitamos, compramos el que nos hace sentir mejor. Cuando deseamos adquirir algo, lo que sea, la mayoría de las veces lo adquirimos porque queremos sentir lo que esa persona siente o dice que siente cuando tiene ese artículo o adquiere ese artículo.

Pero lo quiero porque quiero sentir eso tan extraordinario. Es lo de menos el qué; y ahí está el punto. NO es lo material lo que deseo, sino la sensación de bien estar. No es eso material lo que me genera el bienestar, sino LA IDEA que tengo de lo que me hace sentir eso cuando YO LO POSEO, o TENGO o HAGO.

¿Qué se esconde tras desear lo que otros tienen o hacen? Es muy recurrente el pensar que lo del otro es mejor que lo mío cuando no nos gusta lo que tenemos, pero falta un factor más ahí. Pensamos que lo del otro es mejor que lo mío no solo cuando no me gusta lo mío, sino cuando también veo que el otro se siente muy bien con lo suyo y disfruta mucho. Todo el tema está en la envidia emocional, no envidiamos lo material que no tenemos, envidiamos las emociones de bien estar y disfrute que vemos en el otro. Que lo suyo sea mejor o peor es secundario.

Estamos siendo educados a sentir a través de las ideas, siento lo que se supone que se siente cuando llega determinada situación o poseo determinado artículo. Sentir a través de las ideas es “vivir” un mundo imaginario, es “vivir” en mi mundo imaginario que, aunque lo quiera ver equiparable a lo que me muestran, nunca será así. Y la frustración de la realización de esa idea es constante porque siempre queda en la idea, y nunca pasará a la experiencia porque son dos cosas distintas: la idea de, y la experiencia de. No puedo establecer una idea de algo cuando aún no sé qué es ese algo, no es sostenible. Si yo no conozco el amor, no puedo hacerme la idea de lo que es el amor y pretender sentir la idea de amor, porque no se corresponderán. La idea es ficticia, la experiencia es real.

Por tanto, no es el qué el que me hace sentir bien, sino yo mismo el que soy capaz de sentirme bien cambiando el enfoque. Y todo porque pensamos que no podemos sentirnos tan extraordinaria y maravillosamente bien como la otra persona si no tengo o hago lo que ella. ¿Por qué quiero poseer cosas? Porque quiero sentir lo que “me da” el tenerlo. Buscamos continuamente poseer o hacer o tomar cosas para sentir esas emociones “adictivas”. Toda envidia va vinculada al querer tener esa emoción que quiero y no tengo, y que veo que el otro sí tiene.

ENVIDIAMOS EL ESTADO EMOCIONAL DEL OTRO. Creemos y pensamos que esto solo se da en personas o situaciones exitosas, pero igualmente el concepto de éxito ha sido tergiversado. Acaso, ¿no envidiaríamos el estado emocional de bienestar de una persona con pocos recursos? No hace falta tal extremo, personas que abandonan “su vida exitosa” para ser feliz, para lograr su bien estar emocional. Pongo un ejemplo: ¿cuántas veces nos hemos topado o hemos visto a gente de menos nivel adquisitivo que nosotros y hemos visto o nos han contado lo bien y feliz, tranquilos y en paz, que se sienten estando cómo están? Y acto seguido nos decimos “es que no hace falta tanto para ser feliz”. Nos consolamos con esa frase porque caemos en la cuenta del tonto que hacemos luchando desesperadamente por tener más para CONSEGUIR LO QUE OTROS CON MUCHO MENOS CONSIGUEN… ESA SENSACIÓN DE BIEN ESTAR.

Entonces, ahí vemos verdaderamente lo envidiosos que somos, no por querer tener las cosas materiales que tiene la otra persona, sino por lo bien que VEO y CREO que se siente y YO NO.
Porque me siento mal con mi vida, o me siento “pobre” en mi vida, cuando lo que se me da en mi vida me permite sentirme tan extraordinariamente bien como el que viaja en un yate. Pero eso NO LO CREEMOS, porque hemos sido programados para creer que eso no es así, y solo me sentiré bien si tengo lo que el otro. EDUCADOS EN LA ENVIDIA.

MI VIDA, LO QUE VIVO, MI EXPERIENCIA DE MÍ TIENE TODO EL POTENCIAL PARA HACERME SENTIR TODO LO QUE ME DICEN QUE PUEDO SENTIR CON AQUELLO QUE NO ESTÁ EN MI VIDA (y más). Es una idea que envenena y que crea una ilusión sobre cómo debe ser mi vida; y el veneno es “no estoy a gusto en mi vida” o “mi vida es una mierda”, y envidiamos sentirnos bien, ya sea como la persona más rica o como la más “pobre”.

Al fin y al cabo, la riqueza de la vida está en la experiencia y en lo que sentimos con esa experiencia, tengamos los que tengamos, estemos donde estemos. La pobreza como tal, tan solo existe en el espíritu. Si te sientes bien, si te sientes grande (riqueza), VA DA IGUAL TODO porque es lo que buscamos… estar bien y pleno emocionalmente.

David Padial Zamorano.

LA SINCERIDAD DE LA VERDAD

¿Cuántas veces hemos hablado sobre la sinceridad? Pedimos sinceridad, pedimos que se nos cuente la verdad… PERO NO ESTAMOS PREPARADOS PARA RECIBIRLA NI PARA DARLA.

La verdad duele, y la evitamos más de lo que creemos en el día a día, en cada encuentro con el otro, en cada decisión que tomamos, en muchas de las frases que, cotidianamente, decimos cada día.
¿Por qué cuando se nos dice la verdad duele tanto? Y sentimos rabia, ira, rechazo… La verdad es un acto que evitamos hacer por miedo a lo que nos hace. La verdad nos hace es tomar conciencia de la realidad en la que me encuentro, que no es la misma que vivo, ni la misma que puedo vivir.
Muchas personas presumen de ser sinceras, pero no hay que confundirlo con ataques hacia la persona, crítica o juicios de valor. Eso no es ser sincero, eso es proyectar el mal estar que sentimos sobre el otro para hacerle sentir el dolor y el sufrimiento que llevamos. Y se cree que eso es ser sincero. NO LO ES.

Para ser sincero, primero hay que ver si podemos ser sinceros con uno mismo. Si somos capaces de reconocer y aceptar nuestras luces y nuestras sombras. Reconocer nuestro error pese a la posición que podamos quedar frente al otro o lo que puedan pensar sobre mi persona. Sinceridad para expresar lo que siento sin miedo; porque es más complicado expresar sentimientos bonitos o positivos (temiendo a qué se va a pensar o creyendo que no estaría bien decirlo) que los feos o negativos, porque los sentimientos negativos llevan asociados normalmente una indiferencia por lo que puedan pensar de mí.

LA VERDAD ROMPE MIS EXPECTATIVAS SOBRE ALGO, unas expectativas que he creado en base a una idea de bien estar que pretendo lograr sin saber bien cómo, o solo alimentando la creencia falsa de que algún día lo lograré tan solo pensándolo… Y cuando mis expectativas se rompen, DUELE. Duele porque mi idea de bien estar DESAPARECE.

LA VERDAD ROMPE MIS AUTOENGAÑOS, realidades que creamos en nuestra mente con fe de hierro, creyendo en esa realidad que no existe y excusándola con mentiras cuando no vemos concordancia; para protegernos de ese dolor que no queremos afrontar, de ese dolor del que huimos, de ese dolor que nos supera y no podemos abordarlo. Autoengaños que llegan a dominar nuestra vida, viviendo literalmente en un cuento, donde la felicidad es pensada y no sentida. La verdad es capaz de romper el autoengaño sobre una realidad que pretendemos vivir para evitar ese dolor al aceptar la realidad que nos muestra la verdad; al que tenemos que hacer frente y tomar el equilibrio de mi ser, para equilibrar ese dolor desproporcionado que siento, y cuando lo rompe… DUELE. Duele porque nuestra protección se ha visto vulnerada, y el dolor se hace presente de lleno, y nos inunda; DUELE tomar conciencia de donde estoy cuando no me gusta estar donde estoy, o quiero estar en otro lugar en donde no veo que esté.

LA VERDAD ROMPE MI APEGO-DEMANDA, cuando andamos deseosos del reconocimiento ajeno, del halago de otros, de los gestos de “amor”…  deseosos de ser importante en la vida del otro, lo más importante para el otro… cuando demandamos esa atención y esos gestos que recriminamos cuando no los recibimos, que nos molestamos cuando no son para nosotros, DUELE. La verdad rompe esa demanda que exijo, y DUELE saber que lo que pido es fruto de mi carencia y egoísmo, y que yo no debo ni tengo que ser centro de nada ni de nadie, y que el único centro de quién debo ser es de mí mismo, duele saber que lo que pido y exijo no soy capaz de dármelo a mí mismo.

LA VERDAD MUESTRA MI MIEDO, tantas máscaras que usamos para SIMULAR la vida que quiero, para SIMULAR la persona que quiero ser frente a otros, para SIMULAR que todo está correcto dentro de mí, para SIMULAR… Miedo a ver lo que no me gusta de mí ni de mi realidad; miedo a tener que reconocer y sentir mi oscuridad y lidiar con ella; miedo a tener que ser honesto y romper la imagen que tengo de mí, la imagen que he creado de mí que he creído de mí; miedo a no poder cambiar lo que no me gusta porque crea que es así y no hay más posibilidades… DUELE. Cuando la verdad de lo que ES, muestra lo que tengo que tratar para tener la plenitud de vivir, DUELE. La verdad de tomar conciencia de TODO el miedo que tengo a no tener poder para elegir, DUELE.

La verdad muestra la realidad de la que nos ocupamos de estar cegados porque es más cómodo, aunque guste menos, pero acostumbrados a ese nivel de disgusto… Tenemos siempre activada la capacidad de aguante emocional, modo protección, para no buscar lo mejor que podemos encontrar por miedo a encontrar cosas que… para que la “VERDAD” no nos corte con su filo porque es un dolor tan intenso debido a su pureza… DUELE. La verdad duele, sea porque nos digan las cosas claras (que no sean críticas destructivas ni juicios ni acusaciones), porque nos demos cuenta o porque no nos quede otra que reconocerla en determinadas situaciones… Y el sobrevivir anclado o sosteniéndonos en todas esas cosas: en las expectativas, en mis autoengaños, en ser importante para otros y, en las máscaras y los velos que tapan mis miedos… nos roba la vida que merecemos, y cuando la verdad sobre ello llega, DUELE.

TANTO MIEDO A ESE DOLOR DE LA VERDAD QUE PREFERIMOS NO VERLA, NO SABERLA, HACERNOS EL CIEGO, INCLUSO NO DECIRLA… Y VIVIR EN ESE PUNTO POR LA ETERNIDAD, CUANDO EL PODER PARA CAMBIAR ESO RESIDE EN TOMAR CONCIENCIA DE TODO ELLO Y ACTUAR SOBRE ELLO.

HABLAR O DECIR LAS COSAS CLARAS NO CREA CONFLICTOS O PELEAS, LA ACTITUD Y LA INTENCIÓN CON LA QUE SE HABLA ES LA CREADORA DEL CONFLICTO O LA PELEA.

Ahora, la cuestión es lo que provoca la verdad sobre mí, sobre el yo que hay construido en el AHORA. El yo de AHORA no tiene fecha de término y siempre está en construcción, desde el interior.

David Padial Zamorano. 

 

¿CABEZA O CORAZÓN?

Mi corazón siente y mi cabeza interpreta. Mi mente (cerebro) interpreta la realidad con la que interactúo usando el cuerpo físico, y el corazón es el que siente en base a esa interpretación. Esos sentimientos son los generados por las vibraciones en el cuerpo humano; y en base a esas vibraciones, es lo que atraemos y lo que somos, y en lo que nos convertimos.
Entonces, tanto el corazón como el cerebro pueden interpretarse como dos núcleos que nos permiten experimentar la realidad en la que vivimos. Una la analiza y la otra la siente. Sentimos el análisis o la interpretación del escenario que percibimos por los sentidos; y eso es adaptable, educable, programable.

Por eso: [[la visión que la mente muestra al corazón puede causar una ceguera eterna]]. Porque puede que solo estemos sintiendo lo que la mente dice que tenemos que sentir, lo que la mente dice que debemos sentir… cuando la realidad (libre de prejuicios, juicios, hábitos, cultura o educación) pueda ser y sentirse de forma diferente. No se trata de engañarnos y hacernos todo de color de rosa, se trata de liberarnos del color negro (forma desagradable) con el que estamos educados y acostumbrados a ver lo que vivimos.

Siempre ha habido una separación entre el cerebro (razón) y los sentimientos (corazón).

Se ha tachado a las personas de frías cuando solo han usado la razón, dejando aparte los sentimientos, y se han tacho a las personas de locas cuando han dejado de lado la razón y se han guiado por los sentimientos.

Creo que, en ningún caso, las personas que han optado por uno o por otro sin tener en cuenta los dos… han llegado a buen término; y culpan del resultado de su elección al hecho de usar la razón o los sentimientos. Ninguno funciona por separado. Si las cosas funcionaran sólo con una de las dos partes, ¿qué sentido tendría la existencia de las dos? Todo lo que existe tiene su razón de ser. Tiene su utilidad. Y si están las dos es porque las dos han de usarse. [[Hace tiempo publiqué en sección de noticias un artículo científico dónde mostraban evidencias de que el corazón actúa como un segundo cerebro]].

Para experimentar y vivir en este mundo necesitamos de la materia y de la energía.
Nuestro motor energético son los sentimientos. Los sentimientos nos hacen vibrar en estados de energía distintos. Eso lo palpamos cuando sentimos alegría, tristeza, dolor, deseo, ira, asco… esos sentimientos hacen vibrar energéticamente nuestro cuerpo de tal forma que evidencia la energía que nos rodea en esos momentos. Pero para que el cuerpo (la materia) vibre, debe haber algo que active esa vibración, que regule el motor emocional… La mente.

La mente muestra una interpretación del escenario de la realidad, y ésta hace vibrar a la “materia” (cuerpo) en respuesta a esa interpretación. Por ejemplo: cuando vamos a un teatro y vemos una misma obra representada por actores profesionales y actores novatos, nos llegarán sensaciones distintas, los actores profesionales transmitirán cosas distintas por esa interpretación que la que puedan transmitir los novatos, interpretando la misma obra. Así, una misma obra nos puede tocar el alma o quedarnos indiferentes. La interpretación es fundamental para propiciar la vibración.

Por eso, el corazón no puede hacer nada sin el cerebro, ni viceversa. No se trata de elegir uno sobre el otro, no es cuestión de que se pongan de acuerdo, es cuestión de ver de forma limpia la realidad y entender la vida. No se quiera separar, hay que buscar el uso adecuado de ambos a la vez; tan solo eliminar juicios y prejuicios, creencia y costumbres, hábitos educados; y sentir de forma inocente lo que nos llega, sentir sin más, sentir la vida misma en estado puro.

Hay que pensar bien cuando se diga: “haz caso a  tu corazón”; o cuando se dice: “usa la cabeza y razona”. No se trata de elegir, se trata de poder “ver y sentir” usando los dos.

David Padial.

NO HAY PERSONAS EQUIVOCADAS

En la vida se dirá, y te dirán, que te encuentras con personas equivocadas, con personas que no te merecen, con personas que te hacen sufrir… interiormente se le recrimina el «daño y dolor» que han provocado, que te han provocado. Lo cierto es que a esas personas se les ha de agradecer mucho porque se encargaron de «limpiar» aquello que en tu interior no te permitía alcanzar una mayor armonía con la persona que vino detrás suya. Cuando nos aborda el dolor, nos desesperamos tanto que lo único que hacemos es obsesionarnos con salir de ahí, perdiendo la vista de todo lo demás.

Literalmente no miramos en dirección recta, sino que tenemos un campo de visión de casi 180 grados, y esa visión también se extrapola o todos los aspectos de nuestro ser.

Damos las gracias de encontrar a esa persona con lo que todo fluye, todo es maravilloso… pero si nos ponemos a pensar… las piezas de «algo» siempre encajan cuando se «han limado y/o formado» los engranajes. NO HAY PERSONAS ERRÓNEAS, NO HAY PERSONAS EQUIVOCADAS.

Ellas desempeñan un rol muy importante, de forma inconsciente, para ambos. Ellas aceptaron ese papel en el momento del encuentro para ayudar a «limar y/o formar» tus engranajes. Ellas son las que más han ayudado a poder «conectar» con esa otra persona que te ayuda a palpar y sentir más la felicidad. Porque a través de los momentos «difíciles» con ellas, has podido entender qué hay en ti, qué es aquello que necesitabas desbloquear o superar para poder AMAR y SER, aunque eso suponga una marca negra para el otro.
Unas veces seremos nosotros «los malos», otras veces el otro, y otras veces ambos; a pesar de saber que será un juicio sin sentido profundo, aunque lo tenga aparente.

Así que… por mucho que se diga, te digan o se crea, NO HAY PERSONAS ERRÓNEAS, NO HAY PERSONAS EQUIVOCADAS, esas personas contribuyeron al crecimiento que necesitábamos en ese momento, aunque fuese o sea de forma desagradable, dolorosa o traumática. Y ahí está la actitud para aplicarlo a lo que se vive (sin resentimiento ni miedo); y cuando se llega a conocer la lección aprendida sobre ti mismo/a… surge la paz, aparece el “click” y todo se libera.
Una frase que escuché hace tiempo y me encantó: NINGÚN COPO DE NIEVE CAE SOBRE SITIO EQUIVOCADO.

[[[Varias veces os he comentado cuánto se puede dilatar el momento, perdiendo por completo la noción del tiempo y que es ahí cuando, por un instante, se consigue tomar contacto tangencial con tu ser, y ves, sientes, la lección de vida que has aprendido de aquello que viviste… A veces hacemos cosas que no encontramos la razón del por qué, tan solo nos dejamos llevar por lo que sea que guía nuestro acto. Y te topas, sin esperarlo, con alguna imagen que inconscientemente querías y, a la vez, necesitabas para ver el «click» de la lección aprobada. Hace unos años, curioseando por la red social y sumergido en nostálgicos recuerdos, me topé con una foto que no esperaba, y a la vez deseaba; pese a la contrariedad de sentimientos que sabia que pudieran darse y que se dieron… me atravesó un dolor enorme el pecho, y es ahí dónde volvieron a surgir esos segundos de eternidad… y apareció el «click».]]]

-David Padial Zamorano-

 

 

QUERER Y NO SER

¿Cuántas veces nos perdemos en el mar de nuestros pensamientos, pensando en lo que nos gustaría ser y no somos, en lo que debiéramos ser y no somos, en lo que quisiéramos ser y no somos?

Muchas veces se nos ha dicho, y se presume de la frase “querer es poder” ¿Cuántas veces “hemos querido” y no ha sido…?
Sin embargo, a lo largo del tiempo, se cuentan historias de personas casi convertidas en leyendas, personas que marcaron y marcaran un punto de inflexión, seguramente, en la vida de muchos. En muchos de nosotros, tras conocer esas historias y admirar a quien sea el/la protagonista, nos ha surgido un cosquilleo en el estómago a la vez que el pensamiento de “yo quiero ser como él/ella, cómo puedo ser como él/ella, por qué no puedo ser como él/ella? Y posiblemente nos inunde la impotencia y la desvalorización de lo que somos en ese momento; auto-quitándonos el valor que tenemos y olvidándonos de todos los méritos que, por una u otra cosa, hayamos alcanzado.

 

LOS LOGROS NO SE CONSIGUEN QUERIENDO, LOS LOGROS SE ALCANZAN CON LA DETERMINACIÓN QUE PONGAMOS EN NUESTROS ACTOS, EN LA FIRMEZA DE NUESTRA VOLUNTAD Y EL AMOR DE NUESTRO CORAZÓN. 

La duda que se pueda escurrir en algún momento de ese proceso en el corazón y el tiempo que sea capaz de anidarse en en la mente (cuando posponemos el hacer, cuando no hay «fecha de caducidad») harán polvo e inalcanzable aquello que “queremos ser o conseguir”.
Aquellas personas que se convirtieron en leyenda, sea cuales fueran sus historias (Adolf Hitler, Ip-Man, Mandela, Alejandro Magno, Madre Teresa, Julio César, Alí, etc.), no fue porque quisieran convertirse en leyenda, fue la determinación de sus pensamientos manifestados en sus actos, el amor que sentían por “ese sueño”, la fuerza de su voluntad que llevó a la resolución que dio como consecuencia esos logros, esas leyendas.

 

Cuando dudamos, primero en nuestra mente (donde se asienta la semilla) y luego en el corazón (extendiéndose como una enredadera), cuando surge el “y si no…” o el “¿seguro?”… habremos perdido la posibilidad de alcanzar lo que queremos.

La duda y las excusas cortan el camino. La confianza y la determinación son los bastones para camino. Y lo principal de todo… ninguna de las leyendas conocidas sabía qué iba a lograr, tan solo se dispusieron a hacerlo, “a caminar” paso a paso, hasta llegar hasta donde pudieran. Creyendo en ellos mismos/as. Alcanzando sus objetivos y continuar mientras pudieran. 

Por eso, no pongas expectativas a tus metas u objetivos, pon determinación. Simplemente, ¡¡hazlo!! Y no pares hasta estar satisfecho, pero asegúrate de poner una fecha de caducidad, un tiempo en donde eso deba ser logrado e invierte toda esa energía en la voluntad y seguridad, en construir y avanzar, y repítete el «YO PUEDO», porque puedes, no dudes.
David Padial

Os dejo un link de un anuncio que vi cuando adolescente en la TV, cuyas palabras me marcaron y me ayudaron a seguir caminando hacia donde yo quería.

https://www.youtube.com/watch?v=kiw-eumc_kU

[[Algunos se escuchan a sí mismos en lugar de escuchar a los demás. No son fáciles de encontrar, pero cuando aparecen… nos recuerdan que si te propones algo… y aunque las críticas te hagan dudar… es bueno creer; que no existe el “no puedo”, el “no me atrevo” o el “imposible”. Nos recuerdan que está bien creer que nada es imposible.]]

¿SABEMOS O CREEMOS EN LO PERFECTO?

¿QUÉ ES LO PERFECTO? ¿De verdad existe?
Andamos buscando siempre las COSAS PERFECTAS PARA LA VIDA, y curiosamente ese punto de perfección acaba escapándose del alcance de nuestras posibilidades. Sin embargo, y paradójicamente, vemos o creemos ver la perfección en otros. Para los que tienen una religión la perfección es un estado inalcanzable que se le atribuye al dios que representa el pináculo de la existencia en bases a las creencias de esa religión. Para los que no pertenecen a una religión, el término de perfección se basa en logros que lo sitúan en lo más alto de una pirámide social (moda, negocio, arte, deporte, posesiones…). No obstante, ¿sabemos qué es la perfección? ¿o solo creemos en lo perfecto? ¿Hemos pensado detenidamente qué es perfecto y cómo eso influye en nuestra vida? Porque no necesitamos las cosas para que la vida NOS SEA PERFECTA, la vida es perfecta, la creación en sí es ya perfecta. Entonces… ¿qué queremos conseguir con lo “perfecto”? Y eso que queremos conseguir… ¿no se alcanza cambiando la forma de ver las cosas?

Primero veamos qué quiere decir el término “perfecto” según los académicos de la legua. Se define el término “PERFECTO” como: «Que tiene todas las cualidades requeridas o deseables. Que es muy adecuado para un determinado fin».

Si pensamos bien en la definición, ¿es así como entendemos lo perfecto en la vida?

Pese a las dos significaciones que podemos tomar de forma literal y concreta, trastocamos esa significación y empleamos de forma confusa el término «perfecto» en el día a día de nuestras vidas. Se vive con el ideal puesto en la «perfección», tener la vida perfecta, tener el trabajo perfecto, tener el coche perfecto, tener el móvil perfecto, tener el cuerpo perfecto, tener o estar con la novia/o perfecta/o… TODO LO QUE TENEMOS, SI YA ES ADECUADO PARA UN DETERMINADO FIN, ES PERFECTO. ¿El coche perfecto? El que te permite desplazarte con seguridad a dónde quieres ir. ¿El móvil perfecto? El que te permite estar comunicado en base a la tecnología del momento. ¿Novio/a perfecto? El/la que te hace crecer como persona y contribuye a tu bienestar. ¿El trabajo perfecto? El que permita desarrollar tus capacidades y sentirte realizado. Etc., etc.

Curiosamente la idea de perfección que tenemos es la que se nos inculca o se nos hace creer; anulando la verdad de lo que nos retribuye un sentimiento de bienestar (que sería lo perfecto, “lo adecuado para un determinado fin). Permanecemos en una búsqueda guiada hacia la perfección y en un encuentro continua con la frustración de no acabar esa búsqueda, haciendo que apartemos la mirada de lo que realmente necesita de nuestra atención para valorar si es o no perfecto.
Algo no es perfecto para TODO o para TODOS. Algo sólo puede ser perfecto para uno/a mismo/a. Lo perfecto no son las cualidades o características que un grupo de personas han establecido como «perfección» (eso es una tendencia o moda). Lo que para alguien puede ser perfecto, para otra persona no tiene por qué serlo. Si necesitas barrer una habitación, solicitas una herramienta y te dan un martillo, obviamente el martillo no es la herramienta perfecta por muy magnífico que te digan que es ese martillo. En cambio, el martillo sí es la herramienta perfecta para alguien que desea poner unos clavos para fijar unas tablas de madera. Por tanto, no tiene sentido los ideales de perfección que se presentan en sociedad como válidos para todos.

LO PERFECTO LO ES TODO Y NADA A LA VEZ. Puede que persigamos una idea falsa de perfección… la idea de perfección de «otros», y eso nos causa una sensación de frustración por no alcanzar ese ideal que, muy posiblemente, no sea perfecto para uno/a mismo/a. Incluso a veces, cuando se alcanza esa “perfección” no nos reporta nada (precisamente porque no es lo adecuando para uno/a).

La perfección se alcanza cuando con todo cuanto tienes y te rodea, sea como sea, se está bien, te sientes tranquilo/a, te sientes satisfecho/a, vives en paz… sea en un palacio o bajo un puente, cuando en medio de todo ello te sigues queriendo desde la sinceridad.
David Padial.

¿Y CUANDO PERDEMOS LA FE?

Hay momentos en la vida donde la dimensión tiempo desaparece. La conciencia queda margen de todo y abstraída en su esencia, y toda reflexión y entendimiento sobre un determinado hecho, acto o situación, que podría hacerse en horas o días, surge en unos segundos. Yo los llamo segundos de eternidad. ¿De verdad sabemos qué es la fe o qué es tener fe?

Definición según los académicos de las letras: La fe (del latín fides) es la seguridad o confianza en una persona, cosa, deidad, opinión, doctrinas o enseñanzas de una religión. También puede definirse como la creencia que no está sustentada en pruebas, además de la seguridad, producto en algún grado de una promesa. 

Usamos más la fe de lo que creemos, o imaginamos. Unas veces de forma más intensa y otras menos. Pero dejamos de tener fe cuando la depositamos en nuestros pensamientos, cuando queremos o ansiamos que ocurra algo concreto; y ponemos nuestra fe en juego, esperando que ocurra eso que pensamos y como lo pensamos (no sirve otra forma)…  esperamos… esperamos… esperamos… y eso o nunca ocurre u ocurre de forma totalmente distinta a como habíamos pensado. AHÍ PERDEMOS LA FE. Caemos en decepción de la confianza puesta, nos frustramos por el resultado del hecho o suceso, que no era como habíamos deseado que fuera. Entonces, cuando ese momento de la pérdida de la fe se repite una y otra vez… se pierde por completo la fe y damos un paso hacia el castigo emocional, empezando a pensar cosas desagradable en diversas situaciones DONDE TENDRÍAMOS QUE TENER FE, y no la tenemos por las experiencia vividas que han hecho que no confiemos en tener fe. ¿sabemos qué es la fe? ¿sabemos cómo «usar» la fe? La fe no hay que ponerlas en nuestros deseos o pensamientos frente a una situación que queremos que sea de una determinada forma, la forma en que nos gustaría que fuese.

 

PARA QUE LA FE «FUNCIONE» la debemos poner en lo que es, en cómo ocurre, en cómo se desarrolla, en cómo se da la situación o el acto… ahí está la fuerza de la FE;  por mucho que no guste, por mucho que duela; si es así, la fe ha de estar en que así debe ser y es como mejor es. Da igual nuestras creencias, doctrinas o religión. Todo el entramado de la creación tiene infinidad de perspectivas y caminos que no alcanzamos a ver (por el momento), y no reconocemos la opción adecuada, tan solo podemos experimentarla y tener FE en ella, tener FE en que así está bien, en que así debía ser.

Con ello no hago llamamiento al conformismo, para nada; con ello invito al fluir de la vida, a colaborar con lo inevitable…
invito a TENER FE EN LO QUE ES Y NO EN LO QUE DEBIERA DE SER.

David Padial Zamorano.

 

¿DE QUÉ TRATA ESTO?

¿De qué trata esta sección?

Todos tenemos clara la imagen que aparece en la cabeza cuando escuchamos la palabra “laboratorio”. Laboratorio es un lugar para hacer labores, simplemente, pero sí que vemos en nuestra cabeza un lugar donde se hacen toda clase de experimentos para un fin, sea más o menos lícito dicho fin.

Pues bien, “Laboratorio de Vida” es eso, un lugar donde experimentamos nuestro ser. ¿Cuál es el lugar donde está ese laboratorio? La propia vida, tu misma vida; ese es tu laboratorio.
¿Y qué podemos experimentar? El ser que somos, la persona que eres y en la que te quieres convertir. Experimentamos emociones, sentimientos, ideas, conceptos, reglas… ¿Cómo nos podemos convertir en quién queremos? Tomando las decisiones oportunas en cada situación vivida; eso tendrá un resultado y unas consecuencias,  que nos hacen ser quienes somos.

En LABORATORIO DE VIDA compartiré reflexiones que me surgen al vivir determinadas situaciones y que como resultado te dan una visión distinta, una visión libre y propia, apartada de las influencias del mundo, porque la vida de cada uno no es la vida de todos, ni los pasos que hemos de dar para crecer y ser no son como nos dicen que “deben ser”.

Se trata de dar un impulso a pensar sobre lo que vivimos y sentimos, fuera de los estereotipos y paradigmas sociales que se nos presentan en todos los medios de comunicación, y fuera de los “consejos” que nos dan porque sus respuestas son las mejores, porque dicen tener experiencia. Por supuesto, la experiencia es sabiduría; pero nadie anda el mismo camino, ni da los mismos pasos; y porque la verdad que te hace libre para vivir solo la puedes experimentar tú, en primera persona; “que no te cuenten tu vida”, experimenta, piensa, decide y haz.