LA POSESIÓN EMOCIONAL – IMPULSIVIDAD

A veces soy una persona diferente. No me reconozco, no soy yo. ¿Por qué hago daño sin quererlo? Muchas veces hemos dicho esas afirmaciones a otros, intentando dar una justificación a lo que hemos hecho. SOMOS LO QUE SENTIMOS, y lo que sentimos lo proyectamos.

Momentos donde nos sentimos tranquilos y bien, en una conversación, y esa conversación se torna en una discusión. De pronto nos encontramos gritando, con una sensación de violencia que me impulsan a golpear al otro, y en ocasiones llegando a golpear. Cuando la situación se calma y tomamos conciencia del momento, nos decimos: “yo no soy así”. Y en algunos casos nos asustamos de lo que vemos. O situaciones en donde impulsivamente hemos actuado de una forma o dicho algo que luego nos hemos arrepentido y decimos: “lo he hecho sin pensar”.

Hablamos de que perdemos el control. Y ciertamente lo perdemos, pero no porque no pudiéramos contenernos, no porque no pudiéramos anular la emoción. Perdimos el control porque la emoción tomó posesión del cuerpo, de mis actos, de mis palabras.

Comenté en varias ocasiones, las emociones son energía (como todo lo existente), y como tal, cada una tiene su nivel de vibración y su característica. Por ejemplo: la energía de la alegría es liviana e intensa; la energía de la ira es desmesurada y densa; etc.
Cuando se da una situación donde, por el desarrollo del momento, voy sintiendo emociones que me despierta el momento que vivo y pierdo ese sentir de forma consciente, ahí es cuando pierdo “el control” emocional.

Tomamos el punto donde aún soy consciente de lo que voy sintiendo, viviendo ese momento o situación. Y llega ese nivel donde ya no soy consciente de lo que siento, sino que lo que siento, la emoción de dentro de mí, me posee. Me convierto en esa emoción. Y ahí dejo de pensar, dejo de ser consciente de lo que estoy sintiendo, dejo de poder decidir… porque es la emoción la que me hace actuar y decir en base a su característica. Dejo de ser yo, para ser lo que siento. Cuando la emoción me posee.

Pongamos un ejemplo. Suele pasar, conocemos a una persona tranquila y no violenta. Pero en una situación concreta la vemos hecha una energúmena, fuera sí, violenta y agresiva. Y no entendemos por qué si la conocemos como una persona tranquila y pacífica. ¿Qué ha ocurrido? ¿Nos ha estado engañando esa persona? ¿En realidad es una persona violenta y agresiva y ha ocultado su verdadero ser? Nos apresuramos mucho a juzgar ese comportamiento, posiblemente porque nos hace sentirnos mejor el ver que “el otro es peor que yo”, o tomarlo como excusa para darme reconocimiento frente al otro.
Ninguna de esas preguntas son adecuadas. Nos quedamos con el hecho, pero no con el momento. Sacamos las cosas de contexto. Claro que una persona pacífica y tranquila puede protagonizar escenas de violencia y agresividad, pero veamos qué y cuándo.

Digamos que esta persona pacífica se llama Luis. Luis conversa tranquilamente con otra persona, llamada José. Ambos comienzan una conversación exponiendo sus puntos de vista, pero en el desarrollo de la misma, debido a los puntos de vistas de cada uno, no llegan a entenderse. No solo no se entienden, sino que Luis no entiende por qué José dice lo que dice; y, además, eso que dice le está haciendo daño. En este punto, Luis sabe que lo que está diciendo José le hace daño, y como persona pacífica mantiene la compostura tratando de hacerse entender dialogando. La discusión se alarga y el dolor que siente Luis por lo que va diciendo José se intensifica, se hace más grande, le va resultando insoportable… aquí llegamos al umbral de Luis para “controlar” el dolor que le está produciendo la situación (lo que me está diciendo José, que no entiende que me hace daño). Entonces, en ese momento el dolor posee a Luis, y Luis deja de ser Luis (Luis pacífico) y pasa a ser dolor en estado vibracional puro (Luis violento y agresivo). Luis comienza a decir cosas, que no piensa, para hacerle sentir dolor a José, es la única forma que tiene Luis para comunicar en ese momento que siente dolor a José. Lo hace sin medida, sin “control”, lo proyecta tal cual siente. Y ante esa energía grande e intensa, José no permanece indiferente; hace eco ese dolor de Luis que manifiesta con sus actos sobre José y la emoción acaba poseyendo también a José. Es aquí donde se pierden los papeles y las dos personas se enfrascan en una pelea donde lo que manifiesta el uno sobre el otro es el dolor que sienten por la situación, por cómo se ha desarrollado la interacción y que ninguno supo entender al otro en su momento. Ahí nos convertimos en lo que sentimos, y al ser dolor es lo que proyectamos al otro. Comunicamos de esa forma que sentimos dolor.

Cuando sentimos una emoción de forma muy intensa, negativa o positiva, y perdemos la conciencia de ello, nos «ahogamos» en ese sentir, y ese sentir es el que proyectamos sobre el otro. ¿Cuántas veces nos ha sucedido algo y de la misma emoción, de la misma alegría tan grande, le hemos dado un beso o un abrazo a alguien que de manera consciente no lo habríamos hecho, o no en ese momento? Lo llamamos impulsividad. Es como definimos al estado de posesión del cuerpo que hace una emoción. Cuando se etiqueta a una persona de impulsiva es porque es poseída con frecuencia, dicho de otro modo, su umbral de consciencia sobre lo que siente es bajo. Esto no es malo, esto no quiere decir nada. Esto solo dice que la persona es así, y así a de aprender lo que deba aprender para ser libre.

Nuestros actos reflejan lo que sentimos de forma cotidiana. Luego está el poder ser consciente de ello y no dejarse poseer por esas emociones, y sentirlas y vivirlas para experimentar, para conocerse. Somos quienes vivimos las emociones, no que las emociones nos vivan a nosotros. Si tenemos conciencia, es para concienciarnos de lo que vivimos. Vivimos sintiendo cosas, y eso no se puede cambiar, no se va a cambiar lo que se siente; se puede cambiar la forma de vivirlo, se cambia la posición de poseído a observador.  

Por esto, hay que tomar conciencia de que somos los que sentimos. Que las emociones pueden poseernos y tomar acción con nuestro cuerpo sin nosotros querer. QUE LAS EMOCIONES ESTÁN PARA SER SENTIDAS, y eso lleva a que aprendamos a tomar una posición de observador, pero no de poseído. Y esto es controlar las emociones, saber no dejarte poseer por ellas.

David Padial Zamorano

RECOMPENSA EMOCIONAL

Las personas no deben ser recompensas emocionales, deben ser aportaciones vitales; no podemos ser recompensas emocionales, tenemos que ser aportaciones vitales.

Cuando uno se relaciona con alguien, normalmente y casi siempre, espera recompensas emocionales: sentirme bien, querido, amado, sentirme único, aceptado, importante, para o hacia la otra persona… y eso nos lo da la otra persona con halagos, detalles, gestos… y la clásica expresión que se da o se dice es: “me haces tan feliz” o “soy tan feliz contigo”. RECOMPENSA EMOCIONAL. 
Yo estoy bien contigo siempre y cuando tú me des recompensas emocionales, pero cuando no hay recompensas emocionales por carácter, por cultura, por personalidad, por disposición… ya “la cosa está o va mal”, y buscamos esas recompensas en otros sitios o en otras cosas que me produzcan esas sensaciones.
El hecho de necesitar esas recompensas emocionales nace de la carencia de reforzar mi propia estima a mí mismo/a. Las recompensas emocionales refuerzan la estima de la otra persona que lucha contra sus miedo e inseguridades y que no es capaz de vencerlo o reforzarse a sí mismo/a. No digo que no se hagan este tipo de acciones (detalles, halagos, expresiones, gestos…) digo que no se puede depender ellas ni hacer dependiente a la otra persona de ellas porque es como incapacitar a alguien que puede andar que lo haga por su propio pie. Si a un niño que está aprendiendo a andar nunca le quitas el andador… lo harás dependiente del andador, el día que ese andador se rompa, necesitará de otro para andar y no será capaz de saber que puede hacerlo sin él.

En el momento que emprendemos una relación con el otro, sea del tipo que sea, en vez de obtener recompensas emocionales, si recibimos o damos un aporte vital todo se consolida mucho más fuerte, mucho más firme, con más confianza, con más profundidad; y todo fluye, ahí todo nace desde el amor.

¿Qué quiere decir aporte vital? Quiere decir que estamos contribuyendo con nuestra vida, con nuestro ser o forma de ser, a un crecimiento de la otra persona. Cuando uno crece a nivel personal, mental, espiritual… siente una gran satisfacción y plenitud, y eso se ha podido experimentar, eso se siente. Nos sentimos mejor, sentimos nuestro propio avance junto a esa persona, nos sentimos libre, sentimos la importancia sincera de esa persona en nuestra vida; no porque nos dé “cosas” sino porque hace que me supere y rompa muros.
Ese crecimiento en amor lo conseguimos unas veces por nosotros mismos, y otras gracias a la “ayuda de”, pero no porque nos haga feliz la otra persona, sino por la aportación de cómo esa persona hace que seamos mejores o nos superemos (muros, retos, bloqueos, etc.). La sensación de plenitud claro que repercute en la felicidad; felicidad que alcanzamos cuando vemos nuestro propio logro, nuestro propio crecimiento.

Entonces, un aporte vital consolida mucho mejor una relación que como lo hace las recompensas emocionales. Con las recompensas emocionales, las relaciones son más inestables, ya que en el momento en que no recibo esas recompensas la relación empieza a dificultarse porque “no obtengo lo que quiero” (recompensas) y lo busco en otro sitio, otra persona (lógico, uno busca lo que quiere obtener; si quiere manzanas, no espera a que el naranjo se las dé); y a veces, muchas veces sucede con dolor, porque las cosas van como no quiero, y cogemos la rabieta.

Cuando emprendemos una relación, sea del tipo que sea (padre, madre, hijo, hija, novio, novia, amigo, amiga, etc.), mantener esa relación a base de recompensas emocionales, BUSCÁNDOLAS O EXIGIÉNDOLAS, hará que las dos partes salgan dañadas porque siempre se buscará o se optará por aquella (relación) que me dé mayor recompensa emocional. Sin embargo, el aporte vital que podamos dar o recibir en una relación, solo lo voy a poder dar yo o recibir en exclusiva de esa persona. El que yo doy solo lo puedo dar yo porque soy único (mi forma de ser, de pensar, de actuar, etc.), y el que pueda recibir será también único porque esa persona es única.

Cuando una relación se rompe cuando se estaba dando un aporte vital, la ruptura se entiende, que ya no hay aporte que pueda hacer seguir creciendo la relación, que pueda hacer seguir creciendo personalmente y se llega de forma consciente… puede haber un dolor, claro que sí, pero es distinto, es un dolor de duelo pero llevadero porque se es más consciente de lo que ocurre, y no se dilata en el tiempo.

Hay que tomar conciencia de lo que sostiene mi relación con la otra persona, si las recompensas emocionales o los aportes vitales, pero aportes vitales mutuos, de lo contrario tampoco es sostenible esa relación. Eso también me hará saber más de mí, y de lo que puedo trabajar en mi persona para con los demás y para conmigo.

David Padial Zamorano.

…A VOLVER A ENAMORASE

Si nos centramos en el miedo a volver a enamorarse, concretamos el hecho del enamoramiento y por qué bloqueo el enamoramiento. Ese miedo que subyace al bloqueo a enamorarme es lo que me va a dar la clave para saber. El bloqueo no se hace de forma consciente, la forma en cómo interpreté lo que viví es lo que hace que ese miedo subyacente vibre y haga bloquear el querer enamorarme otra vez. Y es lo mismo para una relación donde:

1. Me ha dejado mi pareja por otra,

2. He dejado a mi pareja porque lo estaba pasando mal en mi relación.

(1) Cuando he tenido una relación feliz porque así lo he sentido o interpretado, cuando acaba esa relación y sufro mucho porque ha acabado y yo no quería, surge el miedo a sufrir de esa manera. MIEDO A QUE ME DESTROCEN EL CORAZÓN, miedo a enamorarme por temor a que pase eso de nuevo, pero eso es lo que creo. Me agarro a mi creencia de que me van a destrozar el corazón cuando lo entrego todo por mi pareja que pensamos que la acción de la otra persona (cuando nos deja, nos rechaza o se va con otra) es porque no valemos una mierda, y NO ES CIERTO, es la interpretación que hago, ES LA INTERPRETACIÓN QUE HAGO DE MÍ. No es que valgamos menos, es que EL OTRO TIENE LA LIBERTAD DE DECIDIR con quién y cuándo vivir y experimentar su vida (igual que tú/yo la tuya/mía).
Cuando me apego a los recuerdos que recuerdo como buenos e irrepetibles con mi pareja (que lo son) y creo que no va a volver a pasar de nuevo… también sacude mi miedo, y bloquea el que yo quiera volver a enamorarme de una persona que pueda ofrecerme una relación porque ese lugar para experimentar lo estoy ocupando con mis recuerdos apegados y con el dolor de lo que fue.

(2) Si se ha tenido una relación donde se ha pasado mal con la pareja… lo primero es tener claro que todas las parejas no son iguales, y cada una dará lugar a una experiencia distinta con un yo diferente. Como cuando comes pipas y comes una que está muy amarga y te deja mal sabor de boca, no por eso dejas de comer pipas si es que te sigue apeteciendo comer pipas, y sigues comiendo pipas porque sabes que no todas serán como la amarga que comiste.
Si yo lo he pasado mal porque considero o interpreto que me ha traicionado al irse con otra persona porque así lo decidió mi pareja… ¡ese es el miedo!, EL MIEDO A SENTIRME QUE NO ESTOY A LA ALTURA PARA QUE MI PAREJA SE QUEDE CONMIGO PARA SIEMPRE, esa interpretación es la que hace que yo tema a volver a enamorarme.

 

Hay que ser consciente de que cada persona es libre y tiene todo el derecho a decidir con quién y cuándo ser feliz. El amor es libre y no debe confundirse con posesión. LA ESTABILIDAD NO RADICA EN LA PERMANENCIA, SINO EN EL EQUILIBRIO. Nos centramos mucho en que cuando logramos algo, que eso que he logrado sea duradero, para siempre; puede serlo, pero igual que hay muchas posibilidades de realidad (como expliqué en un post en Facebook) hay que PENSAR Y ASUMIR que no tiene que ser para siempre; y NO ES MALO, hay que aceptar la posibilidad de que ese bienestar que sentí, esa felicidad que sentí, pueda darse de otra manera, con otra persona o haciendo otra cosa, y no siempre con la misma persona (a parte que la felicidad no es ajena a uno mismo).

Es algo tan sencillo como decidir qué tipo de relación quiero sin exigir a la otra persona, cada uno debe elegir la relación que quiere tener, y para tener la relación que quiero tener con alguien, ese alguien debe coincidir en ese pensamiento conmigo. Si no coincide no pasa nada, puede darse que:
ocurra una “serendipia”, que encontremos algo mejor que lo que buscábamos; o que la otra persona coincida con mi pensamiento de lo que quiero; o que la otra persona no coincida conmigo, PERO su pensamiento de pareja me guste mucho.

NO PODEMOS OBLIGAR A OTRA PERSONA A QUE VIVA la relación de pareja que nos gustaría vivir o nos guste vivir. No podemos calzar un zapato que nos gusta a la persona que nos gusta si la horma del zapato no le va bien esa persona.

Cuando todos estos aspectos, que activan el miedo a… enamorarse, bloqueamos el poder enamorarnos para que eso no ocurra de nuevo y evitar sufrir por ello, ese miedo a sentir eso que no quiero sentir. Hay que entender y tomar conciencia de que eso que he vivido ha sido bueno, pero que es algo que conscientemente no quiero, y QUE NO TIENE POR QUÉ REPETIRSE SI YO TOMO CONCIENCIA DEL AMOR VERDADERO que se pueda dar entre dos personas.

Podemos enamorarnos de otra persona, solo hay que tener paciencia, solo hay que pasar nuestro duelo, solamente hay que tomar conciencia y solo hay que liberarse del miedo a experimentar. Claro que podemos enamorarnos de otra persona y ver, entender o sentir que estamos teniendo una relación que no nos gusta, pero ya lo sé, ya sé cómo sería eso, lo conozco y sabré que voy a reaccionar de determinada manera; esa conciencia y ese saber me permitirá reaccionar antes sin estar cegado para actuar de forma que no sufra.

 TENGO QUE PERMITIRME VIVIRLO, y no pensar lo que puedo vivir, lo que no quiero vivir, lo que quisiera vivir…

David Padial Zamorano.

 

EL MIEDO A…

El miedo es esa emoción que subyace a todo aquello que nos hace sentirnos mal. Da igual con qué vestido se disfrace: ira, rabia, vergüenza, dolor, indiferencia, silencio… Esto no quiere decir que siempre que estemos mal haya miedo de fondo. Podemos sentirnos mal, y no haber un miedo de fondo. Pero para esto hace falta una mente educada en la conciencia del miedo para vivirlo de esa forma. No es malo tener miedo, lo bueno de experimentar el miedo es conocerlo, conocer lo que hace, qué provoca en mí, qué hace que yo haga, conocer cómo me aprisiona y cuáles son mis posibilidades para crecer cambiando ese miedo. El miedo es una emoción que domina. Cuando se habla de miedo, lo primero que asalta a la mente es esa escena de pánico, terror, bloqueo, parálisis, daño, muerte… pero esa es la cara bestia del miedo. El miedo es una emoción que domina, domina mis acciones, mi mente, mi cuerpo. Domina mis acciones provocando parálisis, bloqueos, huida. Domina mi mente evitando que piense, evitando que tome conciencia de lo que puedo hacer, haciéndome perder la calma y la determinación, cambiándola por “no hagas”, “olvídalo”, “no tienes posibilidad”, “¡corre!”, “¡calla!”. Domina el cuerpo haciendo que reaccione de forma que no pueda lograr lo que quiero.

El miedo es uno, es único, pero hay muchos vestidos para él, MUCHAS MÁSCARAS CON LAS QUE DISFRAZARLO y así NO ENFRENTARLO directamente para evitar ver mi deseo de ser distinto a como me veo, para evitar experimentarlo plenamente porque no nos gusta, y eso provoca dos cosas:
1. Que no tome conciencia del miedo, por lo que no podré decidir conscientemente qué hacer frente a esa situación que me bloquea o en la que me siento paralizado (que me da miedo y/o no me gusta).

2. Que no vea las posibilidades que tengo de hacer desde la libertad, al tomar conciencia de mi miedo.

Vivimos esa situación negando el miedo a vivir esa situación, y generamos un mal estar constante en nosotros. Entonces, para identificar que tengo miedo a algo, hay que ir a lo más profundo de esa sensación (emoción), para averiguar qué es lo que provoca que yo sienta lo que siento que no me gusta y, desde esa conciencia, decidir qué hacer. Obviamente, puedo permitirme conscientemente el seguir sintiendo miedo, no es malo; y conscientemente puedo decidir no hacer algo porque tengo miedo, pero ahí la cosa es muy distinta porque lo decido desde la libertad de mi consciencia, porque sé qué es.  Cuando tenemos miedo, hacemos de forma inconsciente o sin que yo quiera hacer, y luego pongo excusas o trabas o bloqueos porque no sé qué hacer ni tampoco sé de dónde pueda venir eso que no me deja hacer o ser.

Todos tenemos miedos, son motivados por distintas cosas, y dado esto no se podría abarcar todos los casos. Si uno tiene miedo a algo o actúa con rechazo sobre algo, seguramente debajo de eso hay un miedo que no quiere ver y es lo que domina esa actitud de rechazo usando lo que sea: ira, vergüenza, aislamiento, silencio… y que sabemos que es así porque está generando un mal estar.

Si nos centramos en el MIEDO A VOLVER A ENAMORASE, concretamos el hecho del enamoramiento y por qué bloqueo el enamoramiento… (continuará)

David Padial Zamorano

DEPENDENCIA EMOCIONAL

La dependencia emocional es algo que se puede sentir o tener sea cual sea nuestra estima. Hablamos de la estima o la autoestima en la entrada pasada. La dependencia emocional no requiere siempre que se tenga una autoestima baja, también puede aparecer en personas con autoestima alta, es menos habitual y con condiciones concretas o puntuales, pero también ellas la pueden tener.

La dependencia emocional se basa en una recompensa a modo de estímulo “engañoso” que recibimos o que creemos recibir. Funciona igual que una adicción por algo, como el alcohol o drogas o algún tipo de comida o bebida, pero en este caso es adicción a la persona. Es algo adictivo porque vamos buscando las sensaciones de “bienestar” y éxtasis (en algunos casos) que produce en nosotros.
Al igual que cuando una persona depende de otra (físicamente) para hacer cosas y sabemos que eso hace que la persona dependiente no tenga vida por sí misma, que no sepa decidir… y sabemos que la dependencia de sustancias (legales, ilegales, o “inofensivas”) puede derivar en un deterioro de nosotros mismos a nivel mental y físico… la dependencia emocional también causa un deterioro.

Nos hacemos dependientes emocionales cuando mi bienestar depende del que esté con una persona. Podemos estar con una persona, da igual el tipo de relación que sea, y solo estar bien cuando estamos con ella. Eso hace que la busquemos todo el tiempo, hace que le demandemos que esté conmigo cada instante porque la emoción que siento me gusta tanto, que quiero más; y toma el punto dónde se invade el espacio de la otra persona de forma continuada, y nos convierte en alguien tóxico para ella, aunque seamos un encanto de persona. En otros casos, no hay demanda constante lo que no nos convierte en persona tóxica, pero «morimos» casi literalmente si no estamos con ella. Por esto es importante, muy importante, conocer y experimentar la soledad, para evitar hacernos dependiente emocionales. Esto no quiere decir que si nos sentimos bien, muy bien, con una persona no la busquemos; quiere decir que debemos ser capaces de estar bien con o sin ella, y si estamos bien solos, el hecho de estar bien con alguien hará que sepamos respetar ese espacio que todos necesitamos y usar la moderación y comprensión en la relación.

A veces no nos damos cuenta de esa dependencia emocional, y CREEMOS QUE SIN LA OTRA PERSONA NO PODEMOS VIVIR, que todo no sirve para nada, que la vida no tiene sentido… No es cierto. PENSAMOS QUE ESO ES AMOR… Y NO ES CIERTO. Aceptamos que eso es porque nos importa muchísimo… y no es cierto. Necesitamos sentir ese bienestar porque no somos capaces de alcanzarlo por nosotros mismos, y la mente solo dirige la atención hacia ese punto de donde recibimos ese bienestar, esa “RECOMPENSA”.
Claro que es muy bueno estar y buscar la compañía y el apoyo de esas personas con las que nos encontramos muy bien y en paz, la diferencia es la forma de percibirlo, de hacerlo y de decidirlo.

Cuando la persona por la que recibimos “las recompensas emocionales” se va de nuestro lado, nos sentimos muy mal porque se acabó mi recompensa emocional, NO ES porque “la quería mucho y ya no está”.

Automáticamente creemos que solo podemos estar bien por “aquello” que me daba esa persona, sin parar a pensar qué era, parando sólo en el estímulo que producía en mí, PARANDO SOLO EN ESA RECOMPENSA QUE QUIERO PARA YO SENTIRME BIEN. Esto puede tornarse en una obsesión, ese es el perjuicio si se nos va de las manos y perdemos el equilibrio, hasta tal punto que no nos importe lo que nos pase a nosotros con tal de recuperar “esas emociones” que tan bien nos hacían sentir.

En otra entrada anterior hablé sobre la interacción que tiene el cerebro (mente) con el corazón (sentimientos-emociones) y cómo uno puede repercutir y “engañar” al otro. La cuestión está en tomar conciencia de mis pensamientos y de lo que siento, de dónde viene eso que creo que me pasa y siento, y si eso depende de mí o no. EL TOMAR CONCIENCIA DE QUE LO QUE ME PASA DEPENDE DE MÍ Y EL VER CON CLARIDAD ESO, ME PERMITIRÁ ACTUAR PARA ALCANZAR AQUELLO QUE DECIDO QUERER ALCANZAR, Y NO RESPONSABILIZAR A NADIE DE MI BIENESTAR EMOCIONAL. Es difícil verlo por uno mismo, pero no es imposible, porque hay personas que, gracias a ese proceso, pueden hablar de ello y ayudan a ver ese punto en el que se encuentra otra persona porque son PERSPECTIVAS DIFERENTES, QUE ES LO QUE NECESITAMOS MUCHAS VECES PARA SEGUIR CAMINANDO, PARA SABER HACIA DÓNDE CAMINAR.
Cada caso es muy particular y se hace complicado hablarlo de forma general.

Muchas veces también inventamos lo que sentimos, como cuando uno cree que un objeto le dará suerte. Nos hacemos creer que una persona nos produce un bienestar cuando no es así, sino que el que nos produce el bienestar es yo a mí mismo, creyendo que es la otra persona quien lo hace en mí; y se alimenta esa idea continuamente de forma inconsciente, que cuando esa persona parte de nuestro lado… el mal estar es grandísimo, pero porque así lo creemos; igual que cuando perdemos ese objeto que nos trae suerte se pierde y comenzamos a pensar que vendrán muchas desgracias… y llegan, pero porque así lo hemos decidido “inconscientemente”.

Esta dependencia emocional ocurre porque SOMOS NOSOTROS MISMOS QUIÉN NOS RECHAZAMOS A NOSOTROS MISMOS, y la validez y la aprobación de nosotros mismos solo la vemos posible a través de la otra persona.

Los momentos o situaciones de dependencia emocional son curiosos. Y, como dije, afecta tanto a personas con estima baja como con estima alta. Por ejemplo:
-Podemos ver a un líder, que dirige de forma genial un equipo de trabajo. Podeos pensar que un líder no tendrá dependencia emocional, pero… ¿qué ocurre si ese líder se queda sin personas a las que dirigir? Puede ser que ese líder entre en un estado de angustia y necesidad por dirigir, alguien que no sabe dirigir su vida dirige la de los demás porque así se cree que su vida está bien, porque piensa que se demuestra a sí mismo que sabe dirigir su vida… y no es cierto. Y necesita de gente continuamente a la que dirigir.

-Un madre que “ama” con locura a su niño, le dice cómo hacer y le procura todo tipo de comodidad por encima de su salud. Ella cree y asume que el bienestar de su hijo es su bienestar, solo importa eso. Pero en realidad, lo que proyecta sobre el hijo es ese bienestar que no es capaz de darse a sí misma, y emocionalmente depende de tener a su hijo cerca para darse esa “recompensa” de atención y cuidado que no sabe darse. Depende de su hijo para estar bien. Los padres deben ser guías para sus hijos, no “dictadores”.

-Una persona que vive “enamorada” de su pareja, pero sin su pareja se siente nada. No vive enamorada, vive dependiente de. Todo aquello que quiere para no estar sola, todo aquello que quiere que le hace sentir bien “sin estar” sola es el enganche que hace creer que está enamorada. Y parece que solo con esa persona puede estar bien sin haberse conocido, porque con ella misma no está bien. Una pareja “funciona” porque cada parte es capaz de funcionar por separado.

Podemos poner infinidad de ejemplos, por eso cada caso es muy particular para ver esa dependencia emocional. La cuestión es tomar conciencia de lo que percibo, y desde ahí elegir qué hacer: sigo acogiendo esa dependencia (porque me gusta cómo me siento) o cambiarlo y comenzar a verlo de forma imparcial hasta que desaparezca; porque UNA VEZ TOMADA CONCIENCIA DE LAS COSAS, TOMAMOS EL PODER DE ELECCIÓN SOBRE AQUELLO QUE TENÍA PODER SOBRE MÍ, Y ES AHÍ CUANDO SOY LIBRE PARA ELEGIR CÓMO QUIERO VIVIRLO.

David Padial Zamorano.

 

COMENZAR A QUERERSE

La autoestima, la estimación de uno mismo…  el aprecio o consideración que uno tiene de sí mismo. Hay muchos puntos que “estudian” este aspecto del ser humano; sin embargo, la gran cuestión se ancla en el “AMARSE A UNO MISMO”. La respuesta está al conocer el AMOR verdadero; es un punto que está muy alto en la evolución, pero accesible, y por lo que todo tiene su sentido. La cuestión de hoy no es el AMOR, dejaremos ese momento para otra ocasión, y centrémonos en algún peldaño más abajo, el QUERERSE A UNO MISMO, la autoestima.

Todos tenemos una imagen mental de quiénes somos, qué impresión damos, en qué somos buenos, nuestros defectos y nuestras virtudes… Nos formamos esa imagen a lo largo del tiempo, desde muy pequeños. Nos centramos demasiado en esa imagen que “inventamos”, sobre todo para ser ACEPTADOS en la sociedad a la que pertenecemos o en la que vivimos o en la que queremos estar. Los fragmentos de esa imagen que vamos formando las tomamos de características y aspectos concretos que vemos en momentos concretos, y creemos que eso que queremos llegar a “tener” o “incorporar” en mí mismo me hará mejor; pero ese “mejor” es un “mejor que el otro”…

De esta forma, nuestra mente comienza a reclamar aspectos que se ven externos a uno mismo, que los vemos en otros, y vemos que es lo perfecto, lo ideal o “lo aceptado”. Esa demanda se arraiga en el corazón, y de forma recurrente apela al DESPRECIO (cuando brota la rabia por sentir o ser como somos), al RECHAZO (cuando negamos el potencial que tenemos para ocuparnos de una situación), al AUTO-CASTIGO (cuando nos condenamos por actuar de determinada manera o nos vemos en una situación dónde nos sentimos vulnerados), a la AUTODESTRUCCIÓN (cuando nos creemos merecedores de todo lo malo), a la DESVALORIZACIÓN (cuando perdemos el respeto hacia nosotros mismo y la importancia de nuestras decisiones).

Esa imagen que vamos construyendo de retazos de lo que “CREEMOS” ideal o “perfecto”, da igual si la hacemos nosotros o nos la inculcan, provoca un choque emocional grandísimo entre LO QUE SOY y LO QUE DEBO SER.

LO QUE DEBO SER no deja de ser una invención ajena a la propia existencia, y por lógica universal SOY LO QUE VIVO, y esa experiencia hay que asumirla para tener el equilibrio en el QUERERME A SÍ MISMO. No puedo quererme a mí mismo, si lo que busco es querer las cosas del otro en mí. Si no me paro a ver quién soy, y a querer TODO de mí.

Comenzar a QUERERSE a uno mismo, empieza por la honestidad, honestidad de reconocer todos aquellos aspectos que ME GUSTAN y NO ME GUSTAN de mí, sobre todo los que NO ME GUSTA, porque los que me gustan son fácilmente reconocibles. Cuando la honestidad y la sinceridad TOTAL actúan, subimos un peldaño más hacia la aceptación. Abrazar todo eso “nuestro”, agradable y desagradable, ignorando el juicio (porque solo tiene el poder que se le otorgue) y asumiendo lo que es, LO QUE SE ES. Lo que tú sientes, lo sienten otros; algunos tienen la valentía de reconocerlo, otros no. Y aquellos que sienten distinto, no tendrán necesidad de COMPARARTE o JUZGARTE.

Creemos que la imagen mental que nos hacemos o que nos hacen, QUE ACEPTAMOS, es mucho mejor que lo que soy realmente, pero cómo puedo aceptar y creer eso si no soy capaz de conocerme a mí mismo, si no estoy en paz conmigo mismo. Es como construir una casa sobre un terreno de arenas movedizas.

Si hemos tomado conciencia de que necesitamos, de que tengo que QUERERME A MÍ MISMO más, tenemos que dejar de mirar fuera y comenzar a mirar hacia adentro, olvidar lo que nos dicen que somos y lo que tenemos que ser… y caminar en el auto-conocimiento.

– HONESTIDAD y SINCERIDAD plena.
– RECONOCIMIENTO Y ACEPTACIÓN sin juicios DE NUESTRO SER, sin luchas, sin resignación.
– ABRAZAR TODO NUESTRO SER, luz y oscuridad.
– NO TENER MIEDO DE MOSTRARSE, sin perder la prudencia.
– RESPETO POR EL SER QUE SOY, y no venderme.
– TOMAR CONCIENCIA DE LA PAZ CON UNO MISMO POR SER así.

¿Quieres quererte a ti mismo? Párate, mira dentro de ti. Sé honesto y sincero. Di a ti mismo lo que ves y acéptalo, sin miedo, sin juicio. Abandona la resignación y abraza todo eso que eres, quiérelo, compréndelo, es así y puede evolucionar. No temas a mostrar lo que eres, quién eres, porque ahí estará tu fortaleza; se prudente. Recuerda siempre el respeto, respeto hacia ti y hacia el otro; el “venderte” o el “perjudicarte” hará que pierdas el respeto.

Es un camino duro, y difícil al principio siempre que se aprenda, todo aparenta ser complicado en los inicios. Lo importante es recordar que puedes, que tienes la capacidad suficiente para vivir tu vida de forma plena y agradable. Y su recompensa no tiene igual.

David Padial Z.

 

LO QUE PIENSO, ES MENTIRA

Hace unos años se me decía que TODO lo que pienso es MENTIRA. Que LO QUE CREO, sigue siendo parte de esa mentira. Que todo es un sueño, una quimera. Yo no entendía estas afirmaciones, aunque las reconocía, sin entenderlas asentía que es verdad. En mis años de vida, en uno de ellos, tomé la postura de situarme en un punto donde no desechara ni aceptara nada de lo que no supiera, “todo puede ser, y yo no saberlo en mi ignorancia”.

Hace tiempo, en uno de mis caminos al trabajo, ENTENDÍ: “TODO LO QUE PIENSO ES MENTIRA”. Todo lo que yo pueda pensar sobre una circunstancia, una situación o incluso sobre mí mismo, es mentira PORQUE no existe. Lo que existe no es “mi pensamiento”, por tanto, lo que pienso no tiene razón de ser. Lo que pienso “solo existe para mí” y para nadie más, quedando fuera de la auténtica realidad. Lo que cada uno piensa, es para él mismo, existe en su cabeza, pero no correspondida con la realidad.

La realidad es muy distinta a la que yo pueda pensar y a la que yo pueda creer. La realidad se da tal cual, la realidad ES. Por ello, pensarla estaría tratado de cambiar su esencia, y para conocerla solo puedo sentirla y reflexionar qué siento en ello o con ella. Lo que pensamos acerca de la realidad son proyecciones de suposiciones y juicios, creando una realidad propia en nuestra cabeza lejos de lo que es; y nos quedamos viviendo en ella, perdiendo esos momentos reales donde se brinda la oportunidad de VIVIR, DISFRUTAR, CRECER, EXPERIMENTAR, SENTIR Y AGRADECER.

Todo lo que pienso es mentira, es una proyección del ego que anula el sentir por lo que vivimos o experimentamos, siendo ésta la puerta para tomar conciencia de la realidad en la que se está.

PARADÓJICAMENTE se dice que con el pensamiento se crea la realidad, se dice que si piensas mucho en algo acaba por hacerse realidad. Eso es una máscara para ocultar el verdadero poder. Los pensamientos solo generan “humo”; son los sentimientos, el sentir, lo que crea la realidad que vives, la que ES.

Cuando uno piensa mucho en algo y se cumple, no ha sido el pensamiento sino la intensidad de su sentimiento hacia ese deseo, aunque en la mayoría de los casos desconozcamos cuál es el auténtico sentimiento que hay tras ese deseo, y solo se ve lo que pensamos que vemos, porque no nos dejamos sentir y descubrir la verdad del final.

Así que se puede decir que cuando me disgusto es porque veo algo que no está ahí. Que mi mente anda absorbida en pensamientos sin cuidar ni ver ni expresar lo que siento: “Creerme que soy eso que pienso de mí es identificarme con un personaje que no soy, fruto de un pensamiento de separación” J.M. (Journal métaphysique). No veo nada tal como es AHORA. Mis pensamientos no significan nada.

No es que los pensamientos “se vayan a la mierda con esto que digo”. Tomo conciencia, en mi reflexión, que cuando no siento (experimento) lo que vivo, y tan solo me dedico a pensarlo, suponerlo, idealizarlo… no es real, es mentira. Y como proyección en mi cabeza de una realidad que no existe se producen unas emociones que me hacen perder el norte de lo que soy, de dónde estoy y del AHORA.

David Padial Z.

 

¿CÓMO ESTOY VIVIENDO?

A veces voy escribiendo cosas por ahí, en word, en papeles sueltos… y luego no me acuerdo que están ahí. Y me encontré con esto que escribí hace tiempo.
A veces, surgen momentos en la vida donde el dolor inclina toda la balanza a su favor. Ese dolor devastador que anuncia la desesperación, y la ceguera. Y esa emoción le hace perder o quitar todo valor a lo demás que hay en la vida. La vida deja de tener valor. No hay ilusión, no hay metas, no hay satisfacción, no hay motivación… y cuando acusa la desesperación, la puerta del suicidio se abre. 


El dolor profundo que padece el alma en determinados momentos o circunstancias, y que se prolonga, que quita de forma súbita el valor de las cosas de nuestro alrededor, hace que simplemente estemos solo por “estar”, sin más, creando un nido a la tristeza en el corazón. Y se va perdiendo toda gana de vivir. Puede que así sea una forma de perder el miedo a la muerte; igualmente es una forma de “malgastar” la vida. En otras ocasiones es la propia vida la que nos ahoga, o sentimos ahogarnos viviendo.

Hace tiempo una pregunta me llevó a pensar todo esto. La pregunta fue: “¿ESTÁS DISFRUTANDO TU VIDA?” «¿ESTÁ SIENDO PLENA TU VIDA?»
No hay que aferrarse a nada, no hay que potenciar el apego, y el apego a la vida no es menos. No es bueno apegarse a la «vida material», pues son tránsitos del misterio de la creación.

El caso es que la “VIDA” tiene su valor cuando la disfrutamos; una vida plena surge de ese disfrute. Disfrutar la vida mientras vives, es la vida que se ha de tener. Disfrutar de la vida experimentando cada momento, agradable o desagradable; aprendiendo, enseñando, compartiendo… y encontrar en ello esa satisfacción PARA decir: “estoy viviendo”, sin que nada sea indiferente alrededor. 


Toparte con esas situaciones, encontrar esas motivaciones, proponerte esos desafíos, buscar esas curiosidades… que te hagan “VIVIR”, que te hagan sentir ese cosquilleo en el estómago, sin apegarte a la vida y a la vez valorando su grandeza y respetarla. Y da igual cómo estés, NO HAY NADA QUE IMPIDA VIVIR; solo uno/a a sí mismo/a puede dar ese freno con sus miedos y con sus creencias. LOS OBSTÁCULOS QUE SURGEN NO SON PARA IMPEDIR QUE VIVAS, sino para mirar a los ojos a la Vida y decir: ME SUPERARÉ y “seguiré viviendo, seguiré disfrutando, de otra forma, hasta que pase (resuelva) lo que no me agrada”. Y BUSCAR LA MEJOR FORMA DE VIVIR PARA DISFRUTAR LA VIDA. Y cuando hablo de «buscar» me refiero a tomar decisiones y realizar acciones para resolver lo que tenga que resolver.


Es muy triste vivir y no disfrutar la vida. El cómo, el cuándo, el dónde… ponemos la psique en cuarentena para darle un respiro al corazón por la jaula emocional que creamos, cada cual en su cabeza, imaginando, suponiendo, inventando, hablando, dibujando… un mañana que no existe, porque no se construye un presente. Una jaula cuyos barrotes más acerados (de acero) son los miedos y una compleja cerradura que son las creencias.


Es muy triste vivir sin disfrutar la vida. Piensa y reflexiona: “Si me muriese ahora, ¿puedo decir que he tenido una vida plena?” “¿Estoy disfrutando MI vida?”.

Es posible que te asombres con la respuesta en función de lo valiente que seas para contestarte. Y todas las demás preguntas, para vivir, no harán falta. Ni el dónde, ni el cuándo, ni el cómo; porque en el momento en que sientas que ESTÁS AQUÍ, QUE ES AHORA Y QUE ERES EL MOMENTO QUE VIVES, es lo que te permitirá HACER para estar disfrutando la Vida.

David Padial Z.

 

EL PERFECTO AMOR

Hace unos años, cuando se estrenó “La cumbre escarlata” fui a verla al cine. Tenía una idea hecha por los trailers de la TV y resultó ser algo muy distinto a lo que entendí a ver los trailers. No me gustó la peli, pero en una escena hubo una frase que me tuvo entretenido durante toda la película, suerte que fue casi al principio.
Muchas veces, sin querer, ni buscarlo, ni pensarlo llegan a tu momento palabras que oyes decir a un desconocido; una frase escrita en un texto, o alguna expresión dicha en un audiovisual que hace que tu mente convierta, por un segundo, en una sesión intensa de meditación, incluso llegando a conclusiones que parece que has tenido que estar días meditando… y que tras ese segundo, de forma discontinua, se suceden más segundos meditativos. Los llamados segundos de eternidad.

La frase que oí en la película, que logró ese estado en mí fue: “en el amor no hay lugar para la perfección”. Para muchos quizás pase desapercibida, para otros, como a mí, llamaría mucho su atención. Me impresionó tanto como que me encantó la frase.
En ese momento, absorto por el significado que para mí trajo justo en ese momento, comencé a sentir una serie de pensamientos: <<Ciertamente andamos “calzando” el amor. Definimos lo que es el amor, cómo debe ser, cómo debe darse, con quién ha de presentarse. Ideas que pasan a ser luego dogmas del amor sin más. Y resulta que todos tienen un doctorado en el amor para hablar como jueces del amor.

Definimos la perfección del amor según COMO NOSOTROS LO VEMOS, pero olvidamos lo más importante… sentirlo. Y no hablo de sentir amor por o para alguien, sino de SENTIR QUÉ ES EL AMOR.
Para muchos, el amor es un estado incansable de éxtasis, alegría y felicidad; que lo vives o lo compartes con la familia y con la pareja, y encima son distintas formas de amar, cada una bien definida por ley; fuera de ese círculo íntimo de personas la definición de amor cambia, y se es reticente a expresar la sinceridad con la que sentimos las cosas por un miedo sin sentido. ¿No hay amor más allá de la pareja o la familia?

Para la mayoría, hablar de amor es asociar el bienestar propio a tener cubierta una serie de “necesidades” sentimentales que “debe” darte o encontrarse en otra persona, si no, no hay amor entre los implicados; sea familia, sea pareja, sea amigo, sea lo que sea… Claramente también se suele asociar el término de amor a una máxima expresión de “entrega” exclusiva a otra persona, en distintos grados y con un sacrificio explícito en muchas ocasiones. Si se habla que EL AMOR LO ES TODO Y ES INMENSO… ¿puede estar LIMITADO a una persona? No hay que confundir la forma de relacionarse o entregarse con lo que es LA EXPRESIÓN DEL AMOR o, dicho de otra forma, CON AMAR>>.

A continuación de esta observación a velocidad luz, vino mi meditación sentida con la misma velocidad. ¡¡¡Claro que no cabe en el amor la perfección!!!  Se busca el amor perfecto, pero no hay perfección en el amor. EL AMOR SE SIENTE, LO SIENTES TAL CUAL ES. Es un impulso que crea un vínculo, un lazo con el otro sin importar las circunstancias, las formas, las condiciones, los orígenes… solo sientes lo grande que es esa persona o cosa para ti sin importar nada más, sin mirar nada más. Todas las sensaciones son parte del amor, puesto que de ellas aprendemos, aprendemos a vivir, a gestionar, a crear, a enseñar, a crecer… a ser. Aunque cada cual tenga su definición de amor, o cómo tiene que ser el amor en su vida o para su vida… no dejaré de limitarlo mientras lo quiera “definir”. El amor no es perfecto, simplemente es, una sensación tan inmensa que te quedas sin palabras, que toda expresión que conoces se te queda corta o inservible para explicar lo que se lleva por dentro. Nunca llegaremos a encontrar la definición de perfección (y ya hablé en un post anterior de ello) porque somos muy diferentes los unos de los otros, y hay muchos puntos de vistas, muchos “sentires”… y los estándares deben usarse como guías pero nunca como dogmas o modelos a seguir o alcanzar porque estaremos olvidando algo muy importante. Olvidaremos lo que sentimos y lo que queremos en base a lo que sentimos de forma auténtica.  EN ESE SENTIMIENTO NO CABE LA EXIGENCIA, NO CABE EL REPROCHE, NO EXISTE EL JUICIO, NO CABE LA DEMANDA NI LA IMPOSICIÓN NI LA POSESIÓN.

Así que no hay lugar en el amor para la perfección. Podemos amar lo más inimaginable, podemos amar y enamorarnos de quien/es menos se espera, de algo impensable, de la persona más absurda, podemos amar y enamorarnos de más de una persona… la felicidad radica en avanzar, aprender, aceptar y crecer; solo o acompañado, no importa; solo hay que seguir las instrucciones en cada momento de lo que, amando, sentimos.

Cuando empezamos a definir el amor, y lo estandarizamos: cómo debe ser, con quién debe ser, qué debe haber… estamos coartando nuestra libertad de expresión. No hay que olvidar el amor hacia uno mismo; por eso, EL SACRIFICIO DE UNO POR HACER QUE EL OTRO ESTÉ BIEN O POR COMPLACERLO NO ES AMOR, es prostitución emocional.

A mi forma de ver, el acto de amor más grande que puede haber es dejar decidir al otro qué quiere, sin decirle lo que tiene que querer; ayudarle a que exprese lo que siente de forma sincera y aceptar lo que es. En el momento que se priva al otro de decidir a quién tiene que amar, o cómo debe amar, lo estamos haciendo con nosotros mismos cortando la propia libertad de amar y ser amado. Sea la condición que tengamos, EL AMOR NO ES UN PRIVILEGIO, NO ES UN PREMIO, NO ES UN DERECHO QUE SOLO MERECEN UNOS POCOS. Todo lo contrario, EL AMOR ES, solo hay que dejarlo sentir y tomarlo. Somos dignos de ser amados y ser “amores”, sin importar circunstancias o estados; todo tiene un sentido de ser y eso no anula la dignidad de ser amado ni de amar. Y es recíproco: Si amas, te amarán; si no amas, no te amarán. EL AMOR NO ES UNILATERAL, O UNIDIRECCIONAL, NI EXCLUSIVO (de o para una persona). Cuando nos negamos el amor a nosotros mismos no podemos darlo tampoco; “lo que es dentro, es fuera”. Cada cual SIENTE a quién/es amar y como amar, y no hay explicación; la explicación está en el sentimiento (en lo que se siente sin palabras ni razón): nuevo o viejo, roto o entero, feo o bello, mustio o vigoroso… uno decide en base a lo que siente sin importar qué, porque para el que decide, lo que elige, es bello en todas sus dimensiones.

– NO LIMITES EL AMOR CON DEFINICIONES NI DOGMAS NI MODELOS.
– NO RESTRINJAS LO QUE SIENTES Y DÉJALO FLUIR PLENAMENTE.
– ÁMATE Y TE AMARÁN; SI NO TE AMAS, NO TE AMARÁN.
– EL AMOR NO ES OBJETO: NO ES PREMIO NI PRIVILEGIO NI DERECHO.
– EL AMOR NO SE EXPLICA, EL AMOR SE SIENTE Y SE EXPRESA.
– EL AMOR NO JUZGA, NO EXIGE, NO REPROCHA. NO ES CARENCIA.
– A VECES SE DICE QUE EL AMOR ES UNA ACTITUD.

Cuando rompemos “estas reglas”, sentimos el amor con mucho dolor. Y aparece una frase que se ha hecho habitual pese a que es una gran mentira: <<El amor duele>>. DUELE LA IDEA DE AMOR QUE HACEMOS. Igual cuando le quitamos a un niño de las manos un objeto “peligroso”, se lo quitamos para que no se haga daño, pero el daño se lo hace porque no entiende qué tiene entre las manos, y lo único que sabe el niño es que no lo tiene y llora por ello. Cuando el niño entiende qué es y cómo gestionarlo, ya no hay inconveniente en que lo tenga, pero la única forma de entender las cosas es como hacen los bebés, experimentándolas CON INOCENCIA, sin ideas preconcebidas.
Y también podemos decir, y muchas veces se ha escuchado, que <<el amor no tiene reglas>>, sólo cuando se las ponemos, deja de ser amor para ser “MI VERSIÓN del querer de forma auténtica”, «MI VERSIÓN del amor».

Todo esto, y seguramente algo más que no recuerde, fue lo que sucedió en aparentemente un segundo en mi cabeza, algo que me ha llevado una hora escribirlo. Cualquiera que fuese la conclusión final a la que yo llegué en mi inconsciente está para integrarlo en mi vivir del día a día. Las conclusiones a las que podáis llegar serán vuestras, la luz que veáis al pensar todo esto serán las vuestras.

Así que aprovechad esas palabras que oigáis de pasada, esa expresión que escuchéis, esa frase que leáis… mientras camináis, en tren o metro, por la TV o viendo alguna película, en el periódico o en algún spot… cuando hagan eco en vuestra mente volvedlas a pensar… ya veis que un solo segundo da para mucho; porque será un momento de aprendizaje y encuentro con uno/a mismo/a.

David Padial Z.

¿POR QUÉ DUELE? ¿QUÉ ES EL DOLOR?

¿Cuántas veces hemos vivido una situación en donde un dolor inmenso nos ha cruzado el pecho o partido el corazón?
¿Cuántas veces hemos dicho que hacemos algo para que no duela porque sabíamos el efecto que puede darse en nosotros?
Normalmente, lo que más se tienen a hacer es crear una coraza lo más impenetrable posible para que no se nos cause dolor con ninguna acción que nos pueda repercutir. Pero… una coraza igual que no deja entrar nada, no deja salir nada. Y si nos aferramos a esa coraza como medio de «seguridad», poco a poco creará una «dureza» sentimental (como la que salen en los pies que te dejan sin sensibilidad) y hará que perdamos muchas cosas, que podamos disfrutar de muchas otras.

Por supuesto que a nadie le gusta la sensación del dolor, ese dolor que no puedes calmar con nada, porque te toca lo más profundo del corazón y no hay medicina que lo calme como un dolor de cabeza… ¿o sí la hay? Conocemos la sensación de dolor, pero… sabemos qué es el dolor. Para poder dar una solución a algo, antes hay que conocer qué es en sí y para qué está ahí. Así que para saber tratarlo profundicemos en el dolor.

¿Qué es el dolor? ¿Por qué está el dolor? Dolor y sufrimiento… ¿es lo mismo?
Cuando hablamos del cuerpo, entender el dolor físico es sencillo. Algo nos duele cuando resulta ser un impacto demasiado fuerte para el cuerpo, cuando estamos sobrepasando el límite de nuestra resistencia, algo demasiado intenso.  Las terminaciones nerviosas del cuerpo nos avisan de un daño que el cuerpo ha recibido y que varía la gravedad en tanto cuanto más intenso es el dolor. Pero cada uno tiene un umbral de dolor distinto, cada uno tiene un aguante diferente ante el dolor que nos produce los impactos físicos sobre el cuerpo; y más aún, hay gente que, MEDIANTE ENTRENAMIENTO Y CONCENTRACIÓN, AUMENTA ESE UMBRAL BIEN SEA DE MANERA FÍSICA (como las dureza o crecimiento muscular) O MENTAL (aguante).

Todos sabemos reaccionar ante situaciones en las que sabemos que se nos va a producir un dolor; como cuando nos caemos en la calle o recibimos un golpe en una pelea… cuando ese dolor es previsible nos ponemos en alerta y al cuerpo lo preparamos para recibir y gestionar ese “impacto” que atenúa el golpe, haciendo que el dolor que vamos a sentir sea menor, y en ocasiones, lo gestionamos de tal forma que se mitiga rápidamente hasta desaparecer.
Por tanto, el dolor físico no es más que un aviso de alerta ante un límite de resistencia que tiene nuestro cuerpo, indicado que más allá de ese límite podemos sufrir un daño grave, a veces irreversible. Y sabemos qué hacer cuando algo nos duele físicamente; de hecho, ¿cuántas veces hemos dicho que preferimos el dolor físico al dolor emocional o del corazón? Porque el dolor emocional resulta tan intenso, tan imparable que no sabemos qué hacer con él, no sabemos cómo hacer para mitigarlo como hacemos con el dolor físico; y por eso lo preferimos antes, porque sabemos cómo y qué hacer.

 

El dolor emocional, no es distinto al físico. Tiene la misma función. Nos alerta de algo, nos avisa que algo no va en el camino o sentido adecuado. Sin embargo, en la línea emocional, este camino es más subjetivo. Si bien, en el cuerpo humano es general para todos el hecho de que si nos pegan con un martillo en el dedo, seguramente éste resulte roto (aunque hay gente que lo pueda resistir).
En el caso de las emociones tiene un papel fundamental las creencias de cada uno, ya que el dolor aparece cuando una situación se desarrolla de forma que no se acepta o no se entiende; y ante una misma situación hay diferentes formas de verla y vivirla, y por eso es menos general. Por ejemplo: el hecho de que un ser querido se muera apela a un dolor emocional, sin embargo, no todos ven la muerte de igual forma por lo que el dolor se siente y vive de forma distinta. ¡Ojo! No digo que no se sienta dolor, es muy normal sentirlo y tener el tiempo de duelo que corresponde, pero es un dolor que se sobrelleva a diferencia del dolor que te penetra y te destroza anímicamente.

 

Al igual que existen elementos de protección del cuerpo para afrontar posibles o potenciales peligros de daño físico; también existen “herramientas” mentales que nos protegen del dolor emocional. Las más conocidas son el “caparazón de hielo”, o “las máscaras”; pero no resultan ser las más adecuadas por la sencilla razón de que NO PERMITEN SER COMO SE ES, no dan libertad para ser uno mismo, y se acaba siendo prisionero de esas “herramientas” para evitar un dolor que podemos evadir de otras formas sin dejar de ser quienes somos. Hay protecciones físicas que cuando te la pones te protegen de todo pero… ¿habéis visto a qué precio? Reducen muchísimo la movilidad y la relación con el entorno; en otras palabras, te convierte en un bloque de piedra con movilidad reducida y con los sentidos disminuidos casi al 50% Está bien en momentos puntuales, pero las funciones corporales y sensitivas se reducen mucho; a parte que no garantizan el 100% de protección. ¿Te imaginas vivir así? ¿Te imaginas vivir día a día con un traje (sin quitártelo) de los agentes que desactivan explosivos? (por ejemplo)
Pues en el caso de las emociones y sentimientos hacemos igual. No sabemos qué herramientas hay para gestionar el dolor emocional; no conocemos las posibilidades que hay para mitigar emocionalmente el dolor sin dejar de ser uno mismo, sin dejar de ser humano. Siempre usamos el que se conoce de toda la vida, el “escudo” bien en forma de caparazón, o bien en forma de máscaras, pero tiene el mismo efecto que el traje antiexplosivos y que tampoco protege el 100% por mucho que digáis o creáis.

 

¿Y cómo puedo gestionar mejor el dolor emocional? Sencillamente educándote en emociones. Una educación emocional que permite una gestión de las emociones que las encauza para evitar bloqueos, para evitar o aliviar el dolor, para darte una visión más amplia de lo que eres, de quien eres y de lo que te rodea. Tomar conciencia de lo que vives y saber qué hacer con ello. Las herramientas de las que se puede partir para comenzar esa educación son:

1. ¿Por qué no? Dar la posibilidad desde lo más profundo, sin resistencia, a que las cosas siempre pueden ser de otra forma distinta a como creo que son o como quiero que sean. Meditar sobre esa pregunta hasta encontrar el punto de aceptación del significado de que todo puede ser; y sencillamente es.

2. Redefinir los conceptos. Desde pequeños nos han dicho y adoctrinado sobre cómo son y cómo deben ser las cosas, la vida. Todo es teoría. Todo es un ideal y un dogma. Empieza a sentir qué es para ti cada cosa a través del vivir y el sentir, comienza desde 0 a definir los conceptos e ideas para establecer tus propios paradigmas y creencias a través de la experiencia y no desde el adoctrinamiento. No es cuestión de hacer nuestra la verdad absoluta y negar la de los demás, es cuestión de encontrar la libertad de nuestras emociones y creencias.

3. Tener fe en lo que es y no en lo que debiera ser. Nos encabezonamos en que las cosas son de una determinada manera porque sí, porque así lo creo, o porque así me han dicho que es y yo lo creo férridamente (sin duda alguna). Y no. No tiene que ser así. Las cosas sencillamente son, las situaciones sencillamente se dan, ocurren, gusten más o gusten menos. Eso es inevitable. Ahora bien, una vez ocurridas ya es decisión nuestra el cómo las vamos a vivir. En uno de mis “momentos” de adolescente (estaba yo en un seminario de jóvenes emprendedores, y una de las actividades era, por grupos, crear un producto y venderlo a partir de los materiales que nos daban. La distribución de los materiales era desigual entre los grupos, pero teníamos que cumplir con el objetivo, sacar adelante un producto y venderlo. En ese momento pensé: “¡ostias, la vida es igual!”) asumí que la vida me pone situaciones y me da cosas, y yo tengo que vivirlo de la mejor manera que sepa con lo que me ofrece, sea de mayor o menor gusto para mí. Obviamente, siempre buscaré la forma que sea la más gustosa (armónica y placentera) y  siempre, siempre, siempre, con respeto hacia los demás.

4. Tomar conciencia del momento que vivo. Dónde estoy, qué hora es, qué soy. A menudo nos convertimos en esa emoción que tenemos. Si es algo agradable como alegría, paz, amor… construimos. Cuando es algo desagradable como ira, tristeza, envidia… destruimos. Y no somos conscientes de lo que hacemos en esos estados; todo a nuestro alrededor se contamina de ello, y eso vuelve a nosotros. Es ahí cuando empezamos a notar cosas que no nos gustan o nos desagradan. Tomar conciencia de la emoción que te invade sin “ser” ella para saber qué hacer o cómo actuar, y no ser preso de ella. Y así salimos o evitamos caer en la espiral dolorosa que causan las emociones que no se adecuan al bienestar nuestro.
Ahí, cuando sentimos dolor por esa envidia o por esa ira, nos avisa de que seguir en ese estado es contraproducente para el cuerpo, porque SI EL DOLOR EMOCIONAL ES LO SUFICIENTEMENTE INTENSO Y PERSISTENTE ACABA MANIFESTÁNDOSE EN EL CUERPO EN FORMA DE ALGUNA DOLENCIA (úlcera, dolor de cabeza, contracturas, colitis, calambres…), entonces tenemos que actuar con esa educación emocional.

 

5. Dejar ir. El estado supremo de las emociones, la que está en la cúspide, es la PAZ. Todo subyace a la PAZ. Para llegar ahí tenemos un largo recorrido para conocer todas las emociones hasta hacernos con la técnica de saber dejar ir las emociones que nos sacan o no nos permiten estar en ese estado de PAZ. Sentimos lo que sentimos, eso no se puede cambiar, pero podemos decidir qué hacer con lo que sentimos, sobre eso tenemos capacidad de decisión. Una emoción puede llevarte a un estado de enajenación haciendo que tus actos sean dirigidos únicamente por dicha emoción. Saber recuperar la voluntad y la conciencia en esos momentos es vital para aplicar el “dejar ir”. Una vez que seamos capaces de aplicarlo, el cuerpo se estará programando para hacerlo automáticamente.

Así podremos hacer freten a emociones que nos desbordan, podremos saber gestionar el dolor, sabremos afrontar el dolor de otra forma que no haga “saltar las alarmas” en nuestro corazón. Y encontrar ese equilibrio emocional que buscamos de forma desconcertada.

No es malo sentir dolor, pero es peligroso dejarnos inundar por él. El dolor también te puede mostrar actitudes que otras sensaciones no te pueden mostrar. A través del dolor también se puede descubrir el camino de la amabilidad.

David Padial Z.